Pensaba yo, ahí, en pie como un chalado plantado a la puerta del baile la noche del viernes 5 de junio de 2026, delante del escenario del Parque Aluche, en todas aquellas otras noches. Las de los chicos cantando Nirvana y Oasis con las guitarras, las ratas que se comían a los gatos, los paseos entre garitos a deshoras, el atropello aquel, la tropelía otra. Todas las primeras veces que nos enrollamos en los bancos noche tras noche, tú y yo, en un bucle infinito de rocanrol.
Lo último que jamás hubiéramos imaginado era que no íbamos a saber nada el uno del otro. Lo cual es mentira, porque yo sé dónde estás y tú lo tienes tan fácil como leerme cada mañana para desayunar. O ahora, si te da la gana. Estuve esta mañana por tu barrio, vi tu casa desde mi balcón. Y lo mejor es que no es mentira. Donde perdiste aquel billete de 50 pavos. Bruno no se lo cree. Cuántas carreteras yo quemé por ti.
Te llamabas Sonsoles, yo me acuerdo. Era, más o menos (como si no lo supiera), 1995 y 1996. Ahora le cuento a Bruno caminando por Aguilar del Río que yo pasaba mucho por aquí hace treinta años. Ni siquiera habíamos empezado a querernos tanto cuando ya compartíamos aquellas cintas de Revólver. Que es que me parece mal no decir Carlos Goñi. ‘Si es tan solo amor’, la canturreo. El Kúo sigue como estaba.
Todo sigue, de hecho y extrañamente, como estaba. Como si no hubiera cambiado nada. Como si el tiempo fuera solo para los bellacos. Y aquí estamos. ‘Blackjack’ y menudo cristo de nostalgia presente ‘Si es tan solo amor’. Hay que reivindicar mucho de Carlos que saca sin parar discos de puta madre, el último de ellos, ‘LA 03010’, con Marcial Cuartero como protagonista.

«No me resisto, porque tenemos un disco nuevo. Van a ser tres y luego ya todo un festival», se disculpa Goñi, ya ves tú. Es verdad que nos congregan unas canciones concretas que ya parecen de otra época, pero que, oye, de repente somos más de los que uno pensaba. Una alegría. ‘Aquellos días’ no fueron ni mejores ni peores, solo los que nos tocaron y pudimos tener, pero lo teníamos todo por hacer.
‘Si no hubiera que correr’, querido Carlos, los tramps like us no hubiéramos born to run. Revólver en Aluche. El contexto: dame verbena, dame gente buena, dame cerveza y el rock como última certeza de, quizás, por qué no, la vida eterna en dos horas de una noche cualquiera. Cervezas al aire. ‘Odio’. ‘El anillo de boda’, que es súper ambiciosa y sale bien. ‘King’s road’: Bruno, ya vamos, ya mismo.
Estuve hace un par de semanas viendo a El Último de la Fila y me he dado una cuenta loca de que todo lo que escribo es una remedo fulero de ‘Llanto de pasión’. Al final, todas las canciones son eso. Solo eso: dónde estarás tú, dónde estaré yo. Mundos de fantasía en los que los personajes reales solo somos un eco extraño. Eo eo eo. Ni caso. Eco.
Incluso un concierto verbenero (por el público) es ya eco. Somos eco, el limbo de un tiempo que se nos va. Pero lo que me gusta ‘El anillo de boda’, que es mi única referencia a Bruce Springsteen. Todos nos fuimos de un barrio, con ratas o con gatos, donde ya no habitamos cuando regresamos, aunque también podemos visitarlo ya mismo: ‘King’s Road’.
Como en un interludio ifinitio de esos que no te dejan dormir, que no me va a dejar dormir, suena de nuevo ‘Si es tan solo amor’. ¿Sabéis cuando os desveláis y siemrpe suena una de Estopa? No sé, igual es cosa mía. Cuando me despierto a las 5AM y ya no me duero suena Estopa. Eso es lo aceptado como normal, pero es que en mí suena el «ni ni ni ni ni ni». Si ya no me quieres déjame marchar. Si es tan solo amor.
‘El dorado’ es lo que es: rock de estadio absoluto. Dedica Carlos Goñi ‘Dentro de ti (Valencia)’ a las víctimas de la dana y resulta muy emotivo porque no sé en qué momento que maten a tanta gente no va a ser eso. Canta a capela, rodeado de sus músicos, con el piano de fondo, y se emocina hasta el llanto mudo. Ese gesto en el que sabes que alguien está llorando pero no necesitas escucharle gemir. Valencia necesita justicia y no la tiene, pero tiene esta canción. Exije justicia esta gente. Nuestra gente. Nosotros. El viejo rocanrol que somos tú y yo.
Pareciste tú. Te perseguí. Había demasiada gente. Me cortaron el paso los votantes de Más Madrid. Joder, anda ya. Aparte de tocarte el pelo, solo quería recordarte que tengo una foto firmada por Carlos Goñi en el Madrid Rock de Gran Vía en 1994 que pone «para Gallar». Como pareciste dejaste de parecer. Vamos, que no serías. O seguro que sí. Pero aquí estamos, en 2026, tanta gente feriada rompiendo las costuras del parque y cantando. No sabe uno si el tiempo se detuvo, se aceleró o, simplemente, le crucificó.
Hace hasta un fresquito inexplicable (será la culpa): ‘Esclavo de tu amor’ y ‘Faro de Lisboa’ en acústico. Ah, yo no pensaba que se arrancarían con la de Bob Seger, ese viejo y canalla rocanrol. Los cuatro acordes prohibidos. ‘No va más’. ‘San Pedro’. Hummm. De repente todas parecen vosotras, perdido entre la multitud. Es mareante no encontrarte, quien quiera que demonios fueras.
Tú, pava: ¿te acuerdas de mi, acaso? Ando aquí aullando a la luna. ¿Y con aquél, qué tal? O acaso el aquel soy yo. Como en una peli de terror resulta que el malo soy yo y hay que matarlo. Veo cada noche de madrugada Los Soprano, así que sé de lo que hablo. En realidad, siempre supe que este momento tenía que llegar. Mátame pero, que sepas, que fui yo todo el putísimo tiempo.

