30 discos de 1996 que cumplen 30 años en 2026. Al loro. No nos dábamos cuenta entonces, pues pensábamos que sería siempre así, pero vaya primera parte de década que nos metimos entre pecho y espalda. Una cantidad de discazos infinita, incluso los malos eran buenos. ¿Cuál fue el mejor año musical de los noventa? 1991, 1992, 1993, 1994 o 1995. Lo mismo da, son todos buenísimos.
De todo empieza a hacer tanto tiempo que parece mentira que realmente viviéramos toda aquella orgía infinita de temazos. Prácticamente cada día llegaba a tus manos algo que superaba a la que el día anterior te parecía la canción definitiva. Y eso en CDs o casetes que alguien te pasaba, con el valor de tesoro que tenía eso. Hace ya tres jodidas putas décadas enteras de todo aquello. Y sonaba todo esto.
30 discos de 1996 que me apetece recordar
LOS RODRÍGUEZ: HASTA LUEGO
«Estoy vencido porque el mundo me hizo así, no puedo cambiar». Madre mía, qué vertigazo del averno. Aquellos viajes tan felices escuchando a Calamaro antes del Calamaro delirante, incluso él despreocupado de su devenir por llegar. Es que hubo un tiempo en el que Los Rodríguez eran eso y ya estaba bien porque ya estaba todo. Verbena castiza venida de Argentina, decían. Algo así era. ‘A los ojos’. ‘Engánchate conmigo’. ‘Dulce condena’. Me vais a perdonar pero, hostia puta, como diría Beatriz Pérez-Aranda: «Esto es como… un pepino». El rock torero como concepto molaba. Luego degeneró porque todo irremediablemente degenera, pero la de temazos que había ahí, dios santo.
OCEAN COLOUR SCENE: MOSELEY SHOALS
Nos encantaba. A ella y a mí. Fuimos a comprar el CD juntos. Y luego una gira después las entradas para el concierto en La Riviera juntos. No me parecía que pudiera haber compromiso mayor con una chica por aquel entonces. Me preocupaba que yo trabajaba colocando los discos en el Carrefour de Aluche (y sí, ponía delante los de U2 en el lineal) y no iba a llegar a tiempo al show. Pero se habló y se hizo. Así que allí fuimos. Yo con mi camiseta de Héroes del Silencio, que resultó ser objeto de mofa para cuatro gilipollas mod. Bueno, en fin. Dicho todo lo cual, todo aquel primer disco de Ocean Colour Scene suena acojonante hoy: ‘The circle’, ‘The day we cauught the train’ o, santodios, ese riff: ‘The riverboat song’. Fue aquel un conciertazo digno de llamarlo tal.
PEARL JAM: NO CODE
El ‘No code’ es, aparente y seguramente siendo honestamente sinceros, un coñazo. Dicho así, a grandes rasgos. En su momento fue un bajón razonable para Pearl Jam, quicir, es que tú dirás, después del ‘Ten’, el ‘Vs’ y el ‘Vitalogy’. Vaya triunvirato, dicho así del tirón. Es cosa de brujería. La fiereza grunge se había transformado en otra cosa y eso siempre cuesta. ‘Smile’ siempre moló, esa sí. También ‘Sometimes’. Lustros después, lo que cambió la movida cuando la serie esa de los Chicago Bulls, eh. Buah. Ese final con ‘Present tense’ es cosa superior. Igual es que no estaba tan mal este disco. Pues claro que no, qué demonios va a estar mal, es la puta hostia regresar a él con la perspectiva del maldito tiempo. Es solo que siempre nos gusto la distorsión de más.
R.E.M.: NEW ADVENTURES IN HI-FI
Qué arrepentimiento llevo yo dentro, todo lo contrario a la dulce condena de un Rodríguez es ser Gallardo. Eso se sobrelleva, cuando no se sobrevuela. Quise haber visto a R.E.M. no sé, ¿mil veces más? Solo les vi una, ya casi al final, en 2008 en Las Ventas. Un ajuste de cuentas que ni para ti ni para mí. Es probable que sea el grupo que más echo de menos justo por eso, porque no nos dio tiempo a hartarnos los unos de los otros. Este disco venía ya a cerrar una década gloriosa para los de Michael Stipe, convertidos en iconos totales. Canciones que te atropellan por cruzar sin mirar a ambos lados, como ‘The wake-up bomb’, ‘E-Bow the letter’ o ‘Electrolite’. Que vuelva R.E.M. ya de una vez, por favor.
RAGE AGAINST THE MACHINE: EVIL EMPIRE
Es altamente probable que ‘Revolver’ sea la canción más iracunda y rabiosa y a la par melódica de Rage Against the Machine. Nos hartamos de pegarnos hostias incluso en la cara, zona prohibida, pero qué coño nos iba a importar si teníamos apenas 18 años. Nos hicimos daño, nos fostiamos en su día. Aposta y sin querer queriendo. Aposta siempre, qué coño. Y si les tuviera delante mientras escribo esto, volvería a pegarles codazos en zonas no permitidas, ahora con más ganas que antes, porque con los colegas hay que hostiarse siempre más. Es sano. ‘Revolver’, decía. Buah: es que esta acaba como el rosario de la putísima aurora boreal. Y si te quedas con ganas de más, atiende, porque somos ‘The people of the sun’.
STONE TEMPLE PILOTS: TINY MUSIC… SONGS FROM THE VATICAN GIFT SHOP
Mientras Scott Weiland se moría poco a poco ante nosotros se moría al mismo tiempo el tiempo presente en el que nos hacía creer que era inmortal. Porque no lo era, obvio. Este disco me gustó y me gusta mucho, muchísimo, si bien es imposible que llegue a los estándares del enorme ‘Core’ (1992) y el aún más enorme ‘Purple’ (1994). Me flipan joyas como ‘Pop’s love suicide’ o ‘Bing Bang Baby’. Mira, es un discazo te pongas como te pongas. No creo que Stone Temple Pilots ocupen el lugar que merecen en la historia del rock, me parece a mí que están un poco infravalorados. Pero es que, claro, la de bandas que teníamos para escoger hace ahora treinta años. Menudo desmadre.
MARILYN MANSON: ANTICHRIST SUPERSTAR
Violencia. Sí, joder. Brian Warner (su nombre criminal real) solo fue un chivo espiatorio con, eso también, un historial verdaderamente importante. No es como para aplaudir al notas, que es lo puto peor. Con este le conocimos todos en plan masivo pero, en verdad de la buena, un poco sí que nos eneramoramos de su putísima mierda tóxica con ‘Mechanical animals’ (1998). Ese sí le considero un discazo, incluso incomprendido. Todo este rollo del anticristo, bueno, es que ya tenemos una edad y el tren de la bruja nos da más risa que miedo. Pero ‘Tourniquet’ es un temarraco imponente. También ‘The reflecting God’.
SOUNDGARDEN: DOWN ON THE UPSIDE
Sin desmerecer este disco, el quinto y último de la etapa clásica de la formación de Seattle, un poco sí que pasaba como con Pearl Jam o Stone Temple Pilots. Pasaba, en definitiva, que la cumbre había sido tan alta que ya no se podía volver a escalar a semejante nivel. Soundgarden lo había petado que flipas con ‘Superunknown’ (1994) y ya se sabe el lastre que termina suponiendo eso. Siguen estando aquí esos riffs pesados, la base rítmica sólido y los aullidos de Chris Cornell, lo cual ya es historia del rock de por sí. ‘Rhinosaur’ es total, pero los singles ‘Blow up the outside world’ o ‘Burden in my hand’ no terminan de petar. No nos dábamos cuenta sobre la marcha, pero dejábamos atrás los tiempos de verdadera gloria.
METALLICA: LOAD
Sí nos dimos cuenta de que igual nos estábamos yendo un poquito a pique cuando Metallica hizo caso a no sé qué estilista pirado, pasó por el peluquero y nos entregó ‘Load’ como si no fuera una ofensa imperdonable. Ni rastro del furioso thrash metal que los conviertió en dioses, plegándose al rock alternativo del momento y mandando a miles de fans a urgencias de puro soponcio. Menuda traición. El caso es que a mí siempre me moló mucho ‘Ain’t my bitch’, que está de puta madre salvo por el pequeño detalle de que la fimaba Metallica y eso no podía ser. Con el tiempo le cogí cariño a este álbum, que por supuesto no deja de tener severos guitarrazos en ‘Wasting my hate’ o ‘The outlaw torn’. Lo de ‘Hero of the day’ todavía no me lo explico tanto.
EXTREMODURO: AGILA
La música entonces te llegaba principalmente, decíamos, a través de casetes y CDs, o algún programa de radio especializado. También en los garitos de rock, lugares esenciales para la educación cultural y emocional de cualquiera que tenga una edad. Allí bebíamos en vasos compartidos, jugábamos al futbolín, cantábamos cada vez más alto, nos empujábamos cada vez más fuerte y otras muchas cosas que no viene el caso contar por escrito ahora mismo. Porque en los bajos de Argüelles pasaba de todo. Sonaba ‘So payaso‘ y el personal se volvía loco gritando, bailando, derramando. Las guitarras de ‘Sucede’ eran (y son) medicina para el alma que solo ensanchar ansiaba (y ansía). «Correcaminos, estate al loro, que viene el Coyote montao en un vespino». ¡Al lío!
SKA-P: EL VALS DEL OBRERO
Claro que hay que decir, porque era así, que en los garitos era Ska-P el que montaba el lío más loco. Sus ritmos eran demasiado contagiosos, imposible contenerse cuando sonaba ‘El gato López’ a todo volumen el sábado en la noche. Y no te digo ya con ‘El vals del obrero’, himno popular que tres décadas después sigue reventando verbenas a su paso. Te pones a recitar y te sale sola, con música y todo: «Orgulloso de estar (orgulloso de estar entre el proletariado (entre el proletariado). Es difícil llegar a fin de mes y tener que sudar y sudar pa’ ganar nuestro pan. Y este es mi sitio, esta es mi gente, somos obreros, la clase preferente. Por eso, hermano proletario, con orgullo yo te canto esta canción. Somos la revolución. la revolución (¡Sí, señor, sí, señor!) Somos la revolución. Tu enemigo es el patrón. (¡Sí, señor, sí, señor!) Somos la revolución ¡Viva la revolución!»
LA POLLA RECORDS: CARNE PARA LA PICADORA
La gira de reunión de La Polla Records en 2019 nos recordó lo viejos que empezábamos a ser aquellos chavalitos libres de los noventa que escuchaban punk hasta el amanecer, pero también la cantidad de himnos dramáticamente vigentes que nos entregaron los de Evaristo para que hiciéramos con ellos lo que buenamente pudiéramos. ‘Carne para la picadora’ es tan actual de principio a fin que acojona desde el tema titular hasta ‘Gol en el campo’. Es muy posible que estuviera sonando ‘Envidia cochina’ mientras Juanjeras se prendía fuego al pelo sin darse cuenta al encenderse un peta. Mikel le miraba como una vaca que mira un prao sosteniendo el cartón de Cumbres de Gredos que llevaba siempre oculto en el bolsillo interior de su parka guerrillera. Hasta que decidió apagar el incendio arrojándole el vino. A su alrededor, el pogo giraba y giraba cada vez con más violencia, ajeno al conato de ser noticia a la mañana siguiente en la prensa seria.
PLATERO Y TÚ: A PELO
Tengo por ley en estos artículos no incluir ningún disco en directo, pero es que estoy convencido de que Platero y Tú fue para nosotros la banda sonora de 1996 por encima de cualquier otro grupo. Y en ‘A pelo’ están todas las que tienen que estar, todas las que te quitan de golpe el peso de la edad adulta y te trasladan a esas noches sin fin por las calles de Madrid en el eje del mal Moncloa-Malasaña-Carabanchel. La banda sonora perfecta para hacer el mal de antrillo en antrillo escuchando ‘Tras la barra’, ‘Voy a acabar borracho’, ‘Juliette’, ‘Un ABC sin letras’, ‘Hay poco rock & roll’. Ver a Fito y a los suyos en directo era, por cierto, la sublimación del rock urbano con letras que te apelaban directamente en lo más cotidiano y unos estribillos de exaltación colectiva. Recuerdo algunas apreturas terroríficas en las primeras filas en La Riviera, pero esa es otra historia para otro ratillo. Un directo brutal.
SPICE GIRLS: SPICE
Porque aunque en el planeta Tierra pareciera que en 1996 solo existían las Spice Girls, nosotros estábamos más rockeramente contactados al asfalto de la urbe que nunca. Era nuestra forma de resistencia y pasar de toda esa otra mierda que nos era ajena. En realidad no, ya que era imposible mantenerse al margen del último gran fenómeno pop del siglo XX. ¿Cuántos Metropolitanos llenarían hoy si acabaran de lanzar contra el mundo este contagioso debut? Imposible saberlo, pero sin duda tropecientos trillones de trillones. Tiene algo ‘Wannabe’, picante seguramente, que se te mete por la rabadilla y te convierte en una marioneta atontada incapaz de controlar espasmos bailongos inducidos. Al principio da miedo, pero luego es solo cuestión de dejarse llevar y ya está. Qué delirio fue todo aquello, con los Beatles las comparaban, gensanta. Pues treinta años hace ya.
ELLA BAILA SOLA: ELLA BAILA SOLA
Treinta años con sus 360 meses, aprox, hace también del debut de Ella Baila Sola. Que fue otra locura de todas las que pasaron en 1996. Vamos, que ni Platero y Tú, ni las Spice Girls, ni el grunge de capa caída. Fue el año de Marta y Marilia con sus canciones básicas que puede tocar cualquiera que tocara en misa de adolescente, pues un poco eso eran en el fondo. ‘Lo echamos a suertes’ o ‘Amores de barra’, hostias, vaya lepra, eh. Pues, por lo que fuera, en una realidad paralela que resultó ser mayoritaria, porque vendieron la de dios es Cristo, ellas fueron la banda sonora para todavía más gente al sur de los Pirineos (las Spice eran otra liga). No sé, me las acabo de poner y he estado a un tris de sacarlas a la lista, pero vamos a intentar ser objetivos y dejar constancia de que esta mierda nos pasó y la superamos entre todos. «Te comparo con el resto del ganado y decido dar un paso más» sí me parece una frase para la eternidad.
HAMLET: REVOLUCIÓN 12.111
Pero no se vayan todavía, pues aún hay más. Y al mismo tiempo que sonaba todo lo demás, en otra realidad paralela más estaba Hamlet anticipándose treinta años a la mierda que afrontamos hoy poniendo las cosas en su sitio con su primer gran himno, ‘J.F.’. No lo he visto en la lista del año de Pedro Sánchez en Spotify me parece mal, porque algo me dice que no está al tanto. La infinidad de veces que hemos cantado «y no dejas de ser un jodido facha» trepando unos sobre otros en conciertos son incontables. ‘Racismo es desigualdad’ tampoco se anda por las ramas y mete Luis Tárraga una caña galáctica. Una vez viendo a Molly y compañía perdí el equilibrio por el volumen brutal y fue una de las experiencias más placenteras de mi vida. Este es un álbum visionario que merece reconocimiento por otras canciones como ‘La tierra de Paco’, ‘Egoísmo’ o ‘El color de los pañuelos’. Ser o no ser un jodido facha, esa y no otra es la cuestión para Hamlet. Recuerdo el sudor de este concierto con Willy en Aqualung, buah, como si fuera ayer.
BRYAN ADAMS: 18 TILL I DIE
Como si fuera ayer, como si tuviera 18 hasta que me muera. Que es un poco lo que busco escuchando de nuevo todos estos discos y dejándolo por escrito negro sobre blanco. Porque las canciones que nos conectan a unos desconocidos con otros y a todos con los que las cantan son lo más cerca que puede estar el ser humano de la eterna juventud. Bien lo sabe Bryan Adams, cuyos conciertos son inexplicablemente cada vez mejores, celebraciones de una jovialidad desbordante en las que siempre aparece ese 18 gigante en la pantalla que te recuerda algo muy básico: Que son pocas todas esas noches en las que cantamos juntos. Son muy pocas. Y luego, cuando ya nunca más pueden ser otra vez, sentimos el vacío de lo que no hicimos. Cantad, cantad, malditos. Cantemos contra el olvido de lo que somos porque fuimos. Y de este disco voy a destacar ‘Black pearl’ porque es la que le pone to cachondo a Tito, que es mi novio de los conciertos de Bryan.
GEORGE MICHAEL: OLDER
No hay semana que no me diga Nais ‘pero de qué vas, Gallar, for Jesus to a child’. Pues bien, qué gusto, oye, poder al fin escribir sobre el tercer disco en solitario de Jorge Miguel. Que vaya discos tiene el notas, nunca convenientemente ponderado ni por repercusión, ni por calado popular. Otro al que nunca coincidió ver y qué pena más grande irse en Navidad, hace nueve años ya, por la vereda de la puerta de atrás cuando todo el mundo está (soy yo literal, pero no figuradamente) al turrón. Nunca va a ser la Historia justa con un George Michael sencillamente porque hizo lo que quiso, seguramente en momentos y baños públicos inoportunos, pero volver a sus discos es un gustazo. Aparte de que ‘Last Christmas’ es el villancico definitivo, y no tanto Mariah Carey ya (ja). En casa se le quiere mucho extrañamente, pues obviamente no le conocimos, pero el ‘Somebody to love’ con el resto de Queen es siempre celebrado.
SUEDE: COMING UP
Persevero intentando hilar una reseñita con otra. Y es que uno que no envejece es Bret Anderson, quien siempre será para Alfon y para mí Bret Slim Fit Anderson. Este sí que está viviendo una segunda juventud envidiable, sacando LPs formidables con Suede, que a su vez congregan cada vez a más y más público en sus conciertos, donde las canciones de ‘Coming up’, su trabajo de 1996, siempre reverberan estupendas. En aquel momento, cuando todo el primer lustro de los noventa se venía abajo, el reemplazo a las guitarras de Richard Oakes por Bernard Butler resultó divino para perpetrar una colección que les aupó donde merecían. Es que, mirad, son, por ejemplo, ‘Beautiful ones’, ‘Trash’, ‘Filmstar’, ‘Lazy’, ‘She’ o esa belleza transformada en partitura llamada ‘Saturday night’. Por todos los sábados en la noche por venir, que por mucho que esto parezca nostálgico, nos quedan un porrón guapo.
MANIC STREET PREACHERS: EVERYTHING MUST GO
Ocurre siempre algo cuando arranca ‘A design for live’. Ocurre, principal y únicamente, que es un temón salvaje que va directo al grano todavía con cierto espíritu punk, por mucho arreglo orquestal que tenga. Una de esas canciones que te impactan una vez y entran a vivir para siempre porque ponen el pie en el quicio de la puerta y tú las dejas. Y la melodía es arrebatadora. Que el cantante de Manic Street Preachers se llame James Dean Bradfield fue uno de los descubrimientos tardíos que terminaron de apuntalar mi pasión por el hermoso guitarreo de esta panda galesa. Una canción que bien vale toda una carrera musical, si bien atención a la propia ‘Everything must go’, que cuando toma altura no vuelve a echar de menos el suelo ni siente el menor atisbo de vértigo. Los Manic son, para mí, un grupo bonito. Si para ti no lo son, echa cuerpo a tierra, que se viene tiroteo.
LOS PLANETAS: POP
Y qué le voy a hacer si yo, aparte de nacer en el Mediterráneo de Madrid (ergo, el Manzanares) y ser un culebra callejero de Carabanchel con tendencias metaleras y de rock de estadio metido a periodista musical, paso del true indie de Los Planetas. Ya ha quedado claro que andábamos a otras cosas aquel 1996, como para estar pendiente de este ‘Pop’ que meses después barrería el ‘Pop’ de U2 (despreciado desde entonces injustamente por ellos mismos). Es un álbum que me da igual y una banda que me da igual, como a la inmensa mayoría de la peña que se ha dejado su buena pasta en verles en los dos últimos años estos de revival que hemos todos padecido. No diré que la portada no está guay y que ‘Himno generacional 83’ tiene su punto. Es un disco obviamente importante para la historia musical de nuestro país, por eso está aquí, pero andaba yo en 1996 como para intentar entender lo que cantaba Jota. Ni hoy tampoco, para qué decir lo contrario, que sería mentir. Anda ya, tú para allá.
TOOL: AENIMA
Dentro de toda esta amalgama extraña que es el gusto musical de cada cual, me quedo con Tool por mucho. Alucino porque el otro día de cañas en Nochebuena se me descuelga Chuchi con que su grupo más escuchado de 2025 es Tool. A ver, enséñamelo. Y me lo enseña. Le miro. Le abrazo. ¿Pero estás bien? Porque esto encierra un algo desconcertante. La perseverancia de ‘Aenima’ en nuestras vidas, un álbum tan difícil, es un éxito de la humanidad. Sin un jodido estribillo, con canciones de estructuras imposibles que superan los cinco minutos. Recuerdo escuchar este disco por vez primera en casa del camello de uno del barrio, jugando a la Play. Música envolvente para aminorar o acelerar el tiempo, como si acaso alguien tuviera semejante poder. Un poco Tool, con los cinco discos que les han salido de la polla en 33 años, lo tienen. Y como entres, te cierra la puerta James Maynard Keenan disfrazado de quien sabe qué y ya no sales. Es el país de nunca jamás del metal.
COUNTING CROWS: RECOVERING THE SATELLITES
Debutar con un LP como ‘August and everything after‘ es una movida. Porque es un álbum muy bueno que sirvió de refugio a los chicos más melancólicos del grunge pero, sobre todo, porque corrieron el riesgo de convertirse en unos ‘one hit wonder’ por culpa de ‘Mr Jones’. No fue así, aunque les costó lo suyo parir esta notable segunda entrega con cortes tan americanamente guitarreros como ‘Angels of the silences’, ‘Daylight fading’ o ‘Have you seen me lately?‘ y con ese cántico perfecto para los días fríos, grises, lluviosos pero extrañamente esperanzadores del más crudo invierno que es ‘A long december’. Si los de Adam Duritz hubieran sido gallegos habrían muerto de morriña con su primer disco, así que es una suerte para ellos haber nacido en la soleada California, donde la vitamina D todo lo cura.
SHERYL CROW: SHERYL CROW
Llámame loco, pero después de petarlo con tu primer disco titular al segundo con tu propio nombre es a) desidia b) megalomanía. Qué más da. El jodido segundo álbum de Sheryl Crow se llama Sheryl Crow y está tan bien como mal así de mal. ‘If it makes you happy’: ese es el motivo por el que treinta años después estamos a vueltas con esto. Una canción que bien vale una carrera, a poder ser la San Silvestre de Vallecas, aunque en realidad nos referimos, obviamente, a otra. Un guitarrapower importante, esos acordes abiertos, guitarras que se expanden. Oh. Ah. Eh. Lo que nos gustaba. Esa rotura en el agudo al cantar la parte crucial. Habría hecho lo que fuera, menos todo lo demás que hice y lo que dejé de hacer, que de repente no tenía nada que ver contigo.
JOAQUÍN SABINA: YO, MI, ME, CONTIGO
«Y morirme contigo si te matas. Y matarme contigo si te mueres. Porque el amor cuando no muere mata. Porque amores que matan nunca mueren». Tengo que decir que lo que más me flipa de Sabina es haberle visto construir su repertorio de leyenda mientras no nos dábamos cuenta. Quiero decir, como crío que nació en los ochenta, pensaba que ya lo tenía hecho. Falso. Todo pasó ante nuestros ojos. ¿Cómo puede estar en el mismo disco ‘Contigo’ con ‘Y sin embargo’? Y se supone que lo petó del todo después cuando decidió cantar a cara perro. Pues no sé. «Yo no quiero domingos por la tarde», es una afirmación que soporta un disco que a su vez contiene ‘No sopor, no sopor, no soporto el rap’. Pero nos da igual, porque acaba con ‘Tan joven y tan viejo’. O sea, él, tú y yo.
THE CRANBERRIES: TO THE FAITHFULL DEPARTED
Qué fragilidad y qué fuerza tiene a la vez la voz de Dolores. Qué magia para los fieles difuntos es que así siga siendo. Menudo repertorio fueron haciendo con los años Los Arándanos. En este su tercer disco hay como poco cuatro históricas, si no más. ‘Free to dice’ y ‘When you’re gone’ principalmente, qué pop rock tan pluscuamperfecta. ‘Hollywood’, ‘Forever yellow skies’ o ‘I just shot John Lennon’. La patada voladora que es ‘Salvation’. La mina de oro que es Irlanda para sacar bandas con semejante capacidad para las melodías enérgicas que tan pronto son caricias como dentelladas. Puede que nunca fueran necesariamente los más cool, pero alguien siempre terminaba pinchándolos en las fiestas que hacíamos cuando los padres de alguien se hacían los despistados. Vivo convencido de que las canciones son lo más cerca que puede estar el ser humano de la vida eterna.
ENRIQUE MORENTE & LAGARTIJA NICK: OMEGA
Basado en hechos reales a 31 de diciembre de 2025: «Estos son los Derby Motoreta, ¿no?», pregunta alguien. No, hombre, es Enrique Morente con Lagartija Nick. «Ah, coño, claro, el ‘Omega'». Tal es su influjo e influencia seis lustros después. El mejor disco de la historia de la música española, dicen algunos. Sería un rollo que hubiera un método científico para decretar tal cosa, pues nos perderíamos trillones de discusiones no tan intrascendentales como a priori puede parecer sobre lo que escuchamos o dejamos de escuchar. Hay discos en torno a los cuales el debate se estrecha, eso sí, por su manera de sentar cátedra y hacer crecer la hierba en tierra yerma. Incluso a Atila le gustaría este álbum visionario que enlaza flamenco, rock, Lorca, Leonard Cohen y el final del siglo XX.
SEPULTURA: ROOTS
Están ‘Sunday bloody sunday’, ‘Sabbath bloody sabbath’ y ‘Roots bloody roots’. Todas las canciones como un ‘bloody’ en medio son himnos. Sin excepción. Al lorito con la fusión de metal y percusiones brasileñas que se clavaron Sepultura en el último LP con Max Cavalera en sus filas. ¡Si hasta toca Carlinhos Brown! No cuesta apenas nada imaginar Copacabana en llamas mientras suena ‘Ratamahatta’ a toda hostia. No tanto como ‘Omega’, vale, pero este disco nos llevaba de la manita al groove metal y al chándal metal que se nos venía encima cual meteorito sin que nos diéramos cuenta. Estábamos a punto de cambiar las camisas de cuadros por las tres rayas de Adidas, si acaso no lo habíamos hecho ya.
KORN: LIFE IS PEACHY
No es casualidad que uno de los cortes más celebrados del ‘Life is peachy’ de Korn se titule ‘A.D.I.D.A.S.’ Así, con los puntitos para hacerlo acrónimo de All day I dream about sex, con lo cual no tiene nada que ver con la marca deportiva. O sí, porque es un chiste que hacía el cantante y gaitero ocasional Jonathan Davis mientras trabajaba en una tienda de Adidas. No vamos a hablar de lo que hacéis cuando entráis en parejas a los probadores, pero sí de la tralla inédita que alberga este segundo disco de Korn, que abrió caminos insospechados a todo lo que vendría después. La estética de repente ya estaba, solo faltaban los temas que le dieran sentido. ‘No place to hide’ y ‘Good God’ y una gira como teloneros junto a Deftones de Ozzy Osbourne fueron determinantes. El cambio de régimen se había consumado.
THE WALLFLOWERS: BRINGING DOWN THE HORSE
Ya pueden repetir millones y millones de veces que eres el hijo de Bob Dylan que si no tienes una canción como ‘One headlight’ no te va a hacer ni puto caso nadie jamás. Pero resulta que Jakob Dylan tenía concretamente esa y no otra. El hijo del padre, además de esos rizos, esos ojos y ese fraseo, la tenía. Número 1 en Estados Unidos por decreto allá por 1996, el año en el que nos pasaron tantas cosas y del que venimos hablando todo este rato. Hacía mucho que no escuchaba ‘One headlight’ y, ahora que son las 18:33 del 31 de diciembre de 2025 en esta cocina donde se empieza a preparar la farra me parece un cierre formidable para todo este maremágnum de palabras, recuerdos y algún que otro disparate. Es una canción que es, efectivamente, el faro de nochevieja que alumbra al barco en el que vamos todos dentro desquiciados cantando y que pasa de largo con la música sonando. Es la vida y dentro vamos nosotros.

