Kings of Leon en Mad Cool 2026

Noche de rock, transistores y euforia en el Mad Cool con Kings of Leon, A Perfect Circle, Interpol y Pixies

Crónicas

Llega un momento en pleno concierto de Kings of Leon en el Mad Cool en el que, apretado entre el gentío, uno de esos movimientos tectónicos que propicia un cambio de posiciones, me topo con un tipo que está escuchando en la Cope el partido de España contra Bélgica en el Mundial de fútbol, apretándose el móvil contra la oreja. Estamos razonablemente cerca y centrados, no es que estemos a lo lejos pasando de todo, no, y me encuentro con su teléfono con la app de la emisora de los curas plantado en mi cara.

Una escena totalmente real, lo juro, que resume perfectamente el ambiente un tanto disociado que se respira en la tercera jornada del festival madrileño, donde incluso dos estands de patrocinadores han habilitado un par de pantallas gigantes para emitir en directo el balompié. Nos puede parecer mejor o peor, apropiado o ridículo, pero no veas la cantidad de gente que se planta ante las pantallas mientras suenan Pixies en la primera parte y Kings of Leon en la segunda.

Las fotos son de Javier Bragado.

Goles en Pixies y Kings of Leon en Mad Cool

La ingente cantidad de camisetas de España ya daba una idea de las intenciones nada ocultas de la concurrencia, que también tiraba de teléfonos para escuchar el transistor a la vieja usanza o, directamente, ponerse TVE para verlo de reojo. Esto pasa siempre que coincide un gran partido con un concierto; pasó, por ejemplo, cuando España ganó la Eurocopa en 2024 y el estadio Metropolitano rugió tanto que Metallica terminó felicitando a sus fans por la victoria.

Sí que es digna de ver esa sinergia que se genera cuando el equipo local marca un gol y miles de personas se ponen a celebrar en plena canción. Se siente una especie de ola de energía que uno no sabe de dónde viene, un grito sordo que va ganando potencia en cuestión de unos pocos segundos hasta que te arrolla y se convierte en un clamor colectivo. Pasó en el concierto de Pixies, con cierta timidez aunque de manera evidente, pues el público se pone a aullar sin venir a cuento con la canción y obviamente los músicos (que ya están avisados del contexto) se dan cuenta.

Los Pixies, por cierto, encargados de la noble misión de devolver las guitarras a un Mad Cool que el jueves decidió desterrarlas para entregarse al pop más pop. Así que un gusto ver a Black Francis y Joey Santiago rasgar sus Fender y Gibson a última hora de la tarde en un concierto especialmente animoso (otros suyos a veces no lo son tanto) desgranando ‘Monkey gone to heaven’, ‘Isla de Encanta’, ‘Debaser’, ‘Here comes your man’, obviamente ‘Where is my mind?’ y así hasta una veintena de temas. Buen concierto en un hábitat de exaltación deportiva que no hace otra cosa que crecer y crecer.

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El tiempo hasta el siguiente show lleva a multitud de gente ante las pantallas y en otros menesteres propicia que sea relativamente sencillo tomar un sitio guapo ante el escenario principal. Pixies tocaron tanto que Kings of Leon comienzan un poquito de retraso, pero lo mismo da, pues ya de primeras resultan convincentes con una ‘Find me’ estupenda. El sonido es potente y nítido y se suceden canciones como ‘Manhattan’, ‘Waste a moment’, ‘Radioactive’ o ‘Supersoaker’. Cuando los Followill están enchufados, aún siendo tan hieráticos ellos, son un rodillo del mejor rock americano.

Es entonces cuando el runrún vuelve a aparecer. Nadie sabe exactamente dónde empieza; es como un incendio intencionado, siempre tiene varios focos, pero el caso es que crece y crece. Primero se canta el gol de España (2-1) casi en el descuento y, tras un intervalo de impaciencia hasta el pitido final, se desata el júbilo por el triunfo. Hay algo hermoso en contemplar cómo se va difundiendo una buena nueva entre miles de personas, en casi ver a la onda expansiva sonora adquirir forma humana y concretarse en un estado de contagioso jolgorio colectivo.

Celebración con Kings of Leon

En las pantallas gigantes se confirma la noticia, como si alguien no lo supiera ya, con mensajes de «España ha ganado» y «Spain wins», justo antes de que Kings of Leon ataquen un ‘Use somebody’ especialmente épico, con Nathan Followill, hasta entonces a pecho descubierto, luciendo una camiseta de la selección española del Mundial de EEUU 94. De nuevo, te podrá gustar más o menos, pero la atmósfera de regocijo que reina en este momento y en este lugar no se hubiera conseguido sin la confluencia en este preciso instante de música y fútbol. Y de identidad y sentimiento de pertenencia y esas cosas, eso también, ya pertenezcas a un país o al rock como forma de vida.

A partir de ahí, no han tenido otro concierto más fácil Kings of Leon en sus casi treinta años de trayectoria. La gente quiere cantar y canta, quiere alzar la cerveza y la alza, quiere abrazar y abraza. Vi una vez a Brian May decir que un concierto en un estadio era mejor que el fútbol porque, al terminar, todos ganaban y nadie perdía. Tenía toda la razón, pues ‘Sex on fire’ es una victoria total y absoluta con las 53.000 personas congregadas en Villaverde pegando brincos y bramando sin recato ninguno. Y esa es, queridos amigos, hasta los belgas lo saben, la verdadera gloria.

Bolazo de A Perfect Circle

Hay algo ciertamente bello también en estar en un sitio donde solo te cruzas con desconocidos sonrientes. ¡Eso no pasa nunca! Pues esta noche acontece mientras nos dirigimos al segundo escenario para parapetarnos en el lado izquierdo según miras (de lujo ahí) ante lo que todavía está por venir. Porque todo está bien, pero estamos a punto de uno de los mejores bolos de todo el Mad Cool por obra y gracia de A Perfect Circle. Ninguna sorpresa, pero lo reconfirmamos al sentir toda esa firmeza de fortaleza inconquistable que transmiten sin bajar la intensidad durante toda la hora de actuación.

‘The Package’, ‘Weak and powerless’, ‘Disillusioned’. Todo perfecto, salvo porque en los intervalos entre tema y tema se oye a Twenty One Pilots en el escenario principal y, si no estamos allí, es porque queremos escuchar lo que hay aquí y ver la silueta de Maynard James Keenan («Two – one, Spain», apunta, en un momento dado) contonearse sinuosa. Os animo, por cierto, aunque estéis al tanto, a echar un ojo al curriculum del baterista Josh Freese, porque es de no creer. Vaya pegada tiene el tipo y qué bestialidad ‘The outsider’, ‘Counting bodies like sheep to the rhythm of the war drums’ y, claro, el cierre apoteósico con ‘Judith’. Apenas una hora han tocado, no nos han dejado verles las caras entre la penumbra, pero sí nos han dejado sin aliento y un recital fiero para el recuerdo.

Colofón con Interpol

No nos movemos para degustar otro bolazo consecutivo en el mismo segundo escenario (que está sonando muy bien en la noche de este viernes) con Interpol y esa luminosa oscuridad que traen desde NYC. ‘Untitled’, ‘C’mere’, ‘Rest my chemistry’, la nueva ‘Wings of fire’. Hasta Paul Banks, con su perfecto castellano, felicita por la victoria de España al público, que responde con vítores. La concatenación de ‘Evil’ y ‘Obstacle 1’ pone a saltar a un personal al que ya todo le da igual, y que bota todavía más con ‘Slow hands’ y el cierre con ‘PDA’. Lo de Interpol, en definitiva, amics: un fantástico colofón post-punk para una noche de viernes de rock, transistores y euforia en el Mad Cool.

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