Alabama Shakes en el Botánico: Canciones de cocción lenta, bien cocinadas, pero no abrasadoras

Crónicas

Ni el Mad Cool con su jornada más potente ni el segundo Metropolitano de Bruno Mars impidieron el sold out de Alabama Shakes en Noches del Botánico. Sorprende gratamente el tirón de una banda desaparecida durante siete años y que tampoco ha actuado tantas veces en España como para que la buena reputación de su directo haya crecido exponencialmente (su última visita a Madrid fue en 2012, en la sala El Sol).

Los espectadores entraron temprano, sin duda rogando por restar unos grados en el Jardín Botánico al calor del sábado por la tarde. Varios de ellos llegaron a tiempo de contemplar la retirada de las sombrillas que habían mantenido con vida a los músicos durante la prueba de sonido.

A las ocho y media comenzó la actuación del telonero, el británico Joel Culpepper. Le acompañaban un guitarrista y un baterista, ayudados por algunos pregrabados. Culpepper, con un sonido equidistante del R&B, del soul y del funky, arrancó con potencia, captando el interés tanto por sus florituras vocales como por sus sinuosos movimientos, pero fue perdiendo ritmo a medida que progresaba su hora de actuación. Solo el goteo constante de nuevos espectadores generó la impresión de que estaba cautivando al público.

Fotos de Anna García

Un buen truco que usa Culpepper para resucitar la atención de la audiencia es desprenderse de la camisa mientras interpreta «Kisses» y dejar a la vista su trabajado físico. Resulta chocante el contraste entre las notas agudas a las que llega con su voz y el hercúleo aspecto del cantante; es como estar viendo a Wesley Snipes en su prime de héroe de acción mientras canta como Smokey Robinson y se mueve como Prince. Pero Culpepper empleó este gimmick demasiado pronto y la visión de sus sudados pectorales agotó su capacidad de asombro antes que el minutaje de su concierto.

Los 4.000 espectadores ya estaban en su sitio a las diez de la noche, preparados para el concierto de Alabama Shakes. A la pista le apretaban un poco las costuras y quizá convendría aliviar su aforo en futuras ediciones de Noches del Botánico. La banda es ahora un trío desde que, aprovechando el hiato, expurgaron de su formación al baterista Steve Johnson por sus (nada anecdóticos) problemas con la ley, así que quedan el bajista Zac Cockrell, el guitarrista Heath Fogg y, cómo no, la cantante y guitarrista Britanny Howard, sin la que Alabama Shakes tendría poco sentido.

«Ha pasado demasiado tiempo», dijo Howard, y el público lo confirmó con un rugido, aun cuando la mayoría no hubiéramos tenido antes la oportunidad de verlos en vivo. Howard ya iba a atraer todas las miradas por su altura y su oronda silueta, pero es que además iba cubierta por largo vestido de pelo azul celeste, poco recomendable para esta época del año, que no se quitaría en todo el show y que le daba un aire a Muzzy, aquel oso de la BBC que nos enseñaba inglés a los niños de los 90. Así que nos cayó en gracia desde el primer minuto.

Fotos de Anna García

Venían bien arropados los tres intérpretes por un nuevo baterista, dos teclistas y tres coristas. A sus pies, hileras de focos orientados hacia los espectadores que no buscaban tanto iluminar como reforzar la atmósfera de cada canción (la luminotecnia daría un gran juego cromático durante toda la noche). La primera canción era un tema nuevo, «Time», que presumiblemente estará en ese tercer disco de Alabama Shakes anunciado para este otoño. Otros adelantos ya publicados de ese disco sonarían también a lo largo del concierto. Pero el grueso del repertorio, claro, pertenecía a los discos Boys & Girls (2012) y Sound & Color (2015).

Alabama es un estado en el que Donald Trump ha ganado en las tres elecciones en las que se ha presentado (la última de ellas, con el 64% de los votos a su favor), así que no era un simple detalle cosmético la chapa de «ICE OUT» que Britanny Howard lucía en la correa de su guitarra. Parece que Alabama Shakes son la clase de alabameños con los que se puede razonar.

Las canciones del grupo son de cocción lenta, casi como un costillar ablandando su carne al fuego durante horas. Se percibe que están hechas primorosamente, pero, al menos a quien esto escribe, no resultaron abrasadoras en directo: la sucesión de tempos parecidos durante el bloque central condujo a una cierta monotonía.

Fotos de Anna García

Salieron del letargo con la populares «I found you» y «Hold on», más enérgicas y también más coreadas. Eso les dio gasolina para completar un set principal de 75 minutos que, justo es decirlo, arrancó ovaciones. Cuando abandonaron el escenario, todo el público de grada pateó al unísono el suelo bajo sus pies, reclamando su vuelta; una idea poco recomendable cuando estás suspendido en el aire sobre una plataforma que, por muy sólidamente construida que esté, no ha sido pensada para durar. Por cierto, contra lo que cabía esperar, un concierto de Alabama Shakes es, quizá, más idóneo para degustar en grada que en pista.

En el bis, la cantante nos aseguró que éramos el mejor público que habían tenido en toda su gira europea (parece un peaje inevitable para los artistas angloparlantes agasajarnos con esa clase de cumplidos), y a continuación nos deseó que el precio de la vivienda bajara un tercio, que las reparaciones de nuestros coches averiados fueran sencillas y que nuestras mascotas llegaran a vivir 35 años. «Amor para todos, buena comida, buena salud», concluyó, antes de atacar «Always alright», quizá el tema más vibrante del repertorio, que sí alcanzó las cotas de intensidad deseadas durante la hora y media anterior. En todo caso, el rugido unánime dejó claro que los fans de Alabama Shakes quedaron satisfechos y que estarán allí para ellos si los norteamericanos deciden convertir España en una parada fija de sus futuras giras.

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