Florence Welch pone al Mad Cool a trotar (física y espiritualmente) en su ceremonia purificadora de almas. Ella es la catalizadora que no para de gestualizar, corretear, saltar, girar, arengar y cantar con teatralidad y solemnidad. Es la bruja pelirroja que gobierna la máquina: ¿cómo no dejarse hechizar? «Quien necesite gritar ha venido al concierto adecuado», vocifera en ‘Everybody scream», con la que Florence + The Machine toman el escenario pasada la medianoche del jueves.
Las manos arriba de la concurrencia (hasta 57.000 personas en toda la jornada, aunque aquí no hay tantas ya) constatan que las celebraciones de Florence Welch tienen algo de liberador y transformador. El público aúlla y danza con ‘Shake it out’, ‘Witch Witch’, ‘Spectrum’, ‘Rabbit heart (raise it up’ y ‘You got the love’. Incluso se levanta cierta ventolera, señal de que algún tipo de conjuro está en marcha con un cielo inesperadamente gris sobre negro. Los gorgoritos apuntalan el encantamiento, melena y vestida en continuo meneo del viento.

Florence engatusa al Mad Cool
‘Hunger’, ‘King’, ‘Howl’, ‘What kind of man’. Tiene mucho de hipnótico su manera de mover las manos, con las que hace un corazón ampliamente correspondido. Épica a saco con una banda que suena estupenda y una médium acompañada de cuatro bailarinas que más bien parecen novicias, pues esa es su función de acompañamiento en la imaginería no ya religiosa, pero sí esotérica y nigromántica de Florence y compañía.
Todo ello por el lado luminoso de la vida, pues estamos aquí congregados para depurar las aguas residuales que, en mayor o menor porcentaje, todos llevamos dentro. Diríamos lavativa, pero digamos más bien hidroterapia de colon. ¡O lavativa espiritual! Así sale uno de un show de Florence + The Machine después de entregarse a la grandilocuencia de ‘Dog days are over’ y el canto de libertad definitivo de ‘Free’. Puede que después de hora y media de show de Florence + The Machine no salgamos mejores personas, pero sí con la certeza de que podemos serlo si queremos (luego ya, cada cual).
Un festival bien diferente
Buen rollo emocional para terminar la segunda jornada del Mad Cool 2026, designada extraoficialmente (por mí mismo, que para eso escribo) como el día de las guitarras desterradas. Un giro de guion de 180 grados con respecto al arranque con Foo Fighters hasta el punto de que parece un festival diferente ya según se entra por la puerta. Aparentemente, nada ha cambiado, pero la vibra es otra porque el público es bien diferente. Mucho brilli brilli, colorinchi, estilismos imposibles, abanicos en zarandeo perpetuo, flores en el pelo, multitud de menores y familias enteras no muy habituadas al entorno festivalero. Hay camisetas negras de bandas de rock, pero se sienten en manifiesta minoría hoy. Todo es lógico y normal, pues la propuesta para este jueves tiene muy poco que ver con la del miércoles, así como tampoco con la del viernes y el sábado.
Como recién llegado de una peli yanki de esas de institutos, Charlie Puth pone al personal a bailar bajo la torra en el segundo escenario con su pop y R&B ochenteros y una de esas bandas que, según las ves salir, ya sabes que van sobradísimos (porque, seamos claros, cuando salen los músicos y el bajista y el baterista son negros que sudan funk solo hace falta que pasen 3 segundos para flipar). Parapetado tras las teclas, el estadounidense es uno de esos geniecillos locos del pop con composiciones impecables y perfectas para el trance festivalero diurno como ‘Attention’, ‘How long’ o la muy coreada ‘We don’t talk anymore’.
Lorde
De un recital totalmente orgánico y con músicos tocones, a la propuesta de Lorde, repleta de bases pregrabadas, con un montaje sencillo pero vertiginoso a ratos, en plena hora dorada, que es como se llama a ese momento en el que el sol brilla con fuerza pero empieza a decaer. A ese tránsito del día a la noche puso banda sonora la neozelandesa antes muchísima gente, con mensajes sobre aprovechar momentos que ya nunca más volverán a pasar, como este mismo -«cuando actúo en festivales como este siento que todo es real»- y temas de su último disco —’Virgin’, 2025—, junto a clásicos contemporáneos de la talla de ‘Royals’, ‘Supercut’, ‘Team’, ‘Girl, so confusing’, ‘Green light’, ‘David’ y el cierre, ya con la luna imponiendo y la fiesta desatada con ‘Ribs’.
Que Zara Larsson acabara en el segundo escenario podría, perfectamente, haber sido un problema no menor (o, dicho de otra forma, un problema mayor). Ya comentamos ayer que el stage 2 de este año es en realidad el 3 de anteriores ediciones, y no tiene el aforo necesario para acoger a nombres con tanto poder de convocatoria. Tantas apreturas pueden explotar por cualquier lado en cualquier momento, basta con que alguien se agobie un instante y se genere una onda expansiva de las que no molan. Y es que hay gente viendo el estupendo show de Zara Larsson prácticamente (y exagerando un poquito, me lo perdonáis) viéndola desde la dichosa rotonda de la M-45 que lleva a Getafe.
El oasis de La Paloma
Es por ello, y por la necesidad de meternos entre pecho y espalda al menos una buena ración de guitarras, que nos vamos al quinto escenario para ver a La Paloma, convertidos durante apenas 50 minutos en un oasis salvador en este día de las guitarras desterradas del Mad Cool. En la carpa se congregan los 2.000 asistentes que buscan algo de rock en un jueves consagrado al pop más pop, y lo encuentran en ‘Intacto’, ‘La edad que tengo’, ‘Sigo aquí’, ‘Bravo Murillo’ o ‘Palos’. !Por fin un grupo de los que beben latas de Mahou en el escenario!
Ante el escenario principal se congregan miles de fans de Blackpink para ver a Jennie, una de sus integrantes en solitario. Los fans del pop coreano (y no solo) se entregan con vehemencia a su ídola mientras Teddy Swims revienta (otra vez igual) el segundo escenario con su mezcla tatuada de soul, country, R&B y pop y un guiño al ‘Jump’ de Van Halen. No deja de tener su gracia que, para hacer una versión de la banda de uno de los mejores guitarristas de la historia del rock, escoja una canción famosa por sus teclados. Hasta este punto llega el destierro de las guitarras hoy en el Mad Cool. Pero, no preocuparse: ya mismo vuelven.

