Danny Elfman en el Botánico: El hombre que no hacía falta en su propio concierto

Crónicas

La tormenta de verano que cayó en Madrid el martes por la tarde puso en riesgo la celebración del segundo concierto de Danny Elfman en el Botánico. El recinto abrió sus puertas media hora tarde, pero los cielos dieron tregua y el cambio de clima solo se notó en una brisa que mecía, de forma inquietante, las pantallas sobre el escenario. Y en, gracias a Dios, una caída del termómetro.

No hubo sold out en la segunda fecha del compositor californiano, quedando un tercio de los asientos por vender; pero, sumando ambas noches, cerca de 4.000 personas acudieron a sus conciertos en Madrid. Lo que sí hubo fue una leve polémica (o lo que entendemos por polémica hoy en día: alguien con los suficientes seguidores se queja de algo en redes y los medios lo amplifican para aumentar su tráfico) porque, según algunos asistentes, no estaba debidamente explicado que Danny Elfman no pisaría el escenario hasta la última media hora de su espectáculo.

Fotografías de Anna García

La aparición de Danny Elfman en el Botánico

En realidad, es un problema sin solución: Elfman no es capaz de dirigir una orquesta y, por lo tanto, no aporta nada sobre las tablas hasta que le toca cantar los temas de Pesadilla antes de Navidad. Cuando el repertorio alterna sus composiciones cinematográficas con cortes de su primera banda, Oingo Boingo, como sucedió en Coachella en 2022, tiene más sentido que se deje ver durante todo el show. Además, Elfman sufre un daño auditivo severo que le impide dar una gira de conciertos convencionales; si bien actuar con una orquesta le resulta más tolerable que hacerlo con una banda de rock.

Esta clase de espectáculo solo es realizable si la orquesta y el coro que lo interpretan pertenecen al país (y, preferiblemente, a la ciudad) donde se lleva a cabo. En Madrid, fue la Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE la que protagonizó los conciertos, dirigidos por el alemán Christian Schumann, colaborador frecuente de Danny Elfman en directo.

Los músicos de nuestra tele pública estuvieron sublimes. Esa es una palabra (sublime) que no tecleo a menudo, pero creo que lo merecen, sobre todo teniendo en cuenta que esta era solo su tercera ejecución del repertorio de Elfman, tras un concierto en Barcelona el domingo pasado y su noche previa en el Jardín Botánico. Les ayudaron una mezcla exquisita y un sonido prístino, al menos en pista (no sé si la grada alta sufriría algún vaivén en la acústica con las ráfagas de viento). Por la parte sonora, no se podía pedir más.

El título del recital, «Danny Elfman’s Music from the Films of Tim Burton», dejaba claro que no íbamos a escuchar nada del compositor al margen de sus colaboraciones con el director que los catapultó a ambos a la fama. Elfman tiene una relación profesional igual de longeva con Sam Raimi (Darkman, Spider-Man), además de otras melodías famosas como las de Los Simpson o Men In Black, pero ninguna de ellas tenía cabida en este show, por pura coherencia.

Fotografías de Anna García

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En las pantallas aparecían fragmentos de las películas de Burton que, se supone, había seleccionado el mismo Tim. La música carnavalesca de Elfman (quien, dicho sea de paso, trabajó en un circo itinerante durante un año de su vida) no puede disociarse de las imágenes de La gran aventura de Pee-Wee, Bitelchús o Batman. Como sucede con John Williams y Steven Spielberg, con Ennio Morricone y Sergio Leone, con John Carpenter y John Carpenter, escuchas unas notas y te ves transportado a esas películas.

Con buena fe, pensando en que a los espectadores les interesaría el proceso creativo, Burton trufó los vídeos de sus propios bocetos para cada película. No es que los dibujos no sean interesantes, pero parecen reclamar de vuelta al director un protagonismo que no le corresponde en un concierto del compositor. Siento decírtelo, Tim: tus diseños dejan claro que la pasión que le ponías en el siglo XX ha sido sustituida por profesionalidad y rutina. ¡Y eso se detecta ya en el trazo de tu lápiz!

La música de Danny Elfman está concebida para avasallar de la misma forma que las imágenes de Tim Burton están pensadas para caer en cascada sobre tus sentidos. El efecto acumulativo de escuchar seguidas varias de estas fanfarrias resulta extenuante, de manera que agradecimos el breve intermedio en mitad del espectáculo. Un puñado de espectadores enfurruñados, obcecados en que no les estaban dando aquello por lo que habían pagado, aprovecharon para marcharse a casa antes de que el metro cerrara a las once (¿cuándo cojones va a estar acabada la línea 6?).

En la segunda mitad, la violinista Sandy Cameron y el cantante infantil Dani Escrig arrancaron ovaciones al público tanto por su talento como por su desparpajo. Dos horas habían pasado cuando Danny Elfman subió por fin al escenario. Hubo aplausos un tanto desfallecidos, pues nadie presentó a Elfman y es posible que algunos espectadores ni siquiera supieran quién era. Al fin y al cabo, a estas alturas, el concierto navegaba a velocidad de crucero sin él.

Fotografías de Anna García

Elfman pone voz a Jack Skellington

Tim Burton lleva toda su carrera vendiéndonos la moto de lo friqui que es -y de paso, monetizándolo-, pero al lado de Danny Elfman se queda en aprendiz. De pelo pajizo y pálida tez, con un cuerpo más esculpido en el gimnasio que el de Jason Statham, cubierto de tatuajes como un pandillero angelino y con la sonrisa más lunática que hemos visto desde, vaya, el Joker de Burton y Nicholson, Elfman es el Ultimate Freak ®. El dato de que tiene 73 años (y no los aparenta porque, en realidad, no tiene edad) redondea la delirante estampa.

Elfman puso la voz a Jack Skellington en las canciones de Pesadilla antes de Navidad, así que se deleita interpretando cinco de ellas e impostando la voz más grave de la que es capaz. Tiene gracia que la peli más querida de Tim Burton no la dirigiera Tim Burton sino Henry Selick, un dato que aturde a algunos de sus fans. Su contraargumento es que sí la concibió y la escribió, y por eso es suya la autoría. Cuando respondes quién es entonces el artífice de Bitelchús, Ed Wood o Big Fish, pelis que Burton no escribió, se van por los cerros de Úbeda. Que te consideren un autor depende a menudo de lo bueno que seas posicionando tu marca.

La aparición fugaz de Elfman, menos de media hora, le robó la ovación final a la Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE y al director Christian Schumann, que eran quienes habían hecho todo el trabajo. La sensación era la misma que cuando los pasantes redactan el documento y luego viene el notario, te cuenta un chiste, echa su firma y se marcha a comer. Elfman reapareció dos veces para recibir los aplausos y el público quizá creyó que cabía la esperanza de un segundo bis, pero no sucedió. El confuso formato del espectáculo no debe distraer de lo importante: se escuchó buena música, interpretada formidablemente y (huelga decirlo) en un entorno de ensueño. A los que van esta semana a recocerse al sol en el descampado de Villaverde para escuchar conciertos con limitador de sonido, les deseo la misma mala suerte que tuvimos anoche.

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