No quedó muy claro ayer si el público que acudió a Noches del Botánico para asistir al concierto de TOMORA era más fan de The Chemical Brothers o de AURORA. ¿Había que elegir? Quizá sí, porque la unión de Tom Rowlands, uno de los fundadores del dúo electrónico, y de la cantante noruega Aurora Aksnes, resulta tan contra natura que es normal que prevalezcan los afectos hacia uno o hacia otra.
En todo caso, no eran muchos espectadores, pues tanto la grada como la pista se quedaron a la mitad de su aforo. La competencia del Mad Cool (o de Foo Fighters y Moby, directamente) y los inminentes macroconciertos de Bruno Mars en el Metropolitano habrán tenido algo que ver. Sí se percibía un cierto espíritu de coda final del Orgullo, pues Aurora, abiertamente bisexual, es una activista por los derechos del colectivo y este tiene una presencia visible entre sus seguidores.
Desconcierta que un público interesado en la música electrónica (y al que suponemos familiarizado con el único álbum de TOMORA, Come closer, publicado la pasada primavera) elija un asiento de grada antes que la pista; pero descoloca aún más que no levanten los culos de dichos asientos hasta pasada una hora de show. ¿Se puede disfrutar de este género musical con distancia analítica? Yo digo no.

TOMORA es una rareza en Noches del Botánico
TOMORA resulta una rareza en la programación de Noches del Botánico (ecléctica, pero sin exagerar) y encajaría mejor en la madrugada de un festival. De hecho, su set de 75 minutos parece concebido para tal fin. A las diez de la noche de un miércoles, escuchando las persistentes chicharras del Jardín Botánico, quizá no esté el cuerpo tan entonado para bailar con la propuesta electrónica de Tom y Aurora.
Bueno, de Tom, de Aurora (las minúsculas aquí se deben a que me refiero a la persona y no a la artista; confuso, sí, pero yo no hago las reglas) y de la compatriota de esta Amalie Holt, tercera integrante del directo de TOMORA que merece el mismo crédito porque, sobre las tablas, hace tanto como sus compañeros. De hecho, gran parte del tiempo hace exactamente lo mismo que Aurora, casi como su doppelgänger, exhibiendo juntas una sintonía y una sincronía admirables. Por momentos, parecen las gemelas de El resplandor, ya más creciditas, bailando en la discoteca; aunque, al abandonar el escenario antes del bis, lo harán moviéndose como muñecas de cuerda, recordando un poco a Daryl Hannah (tan rubia como las noruegas) en Blade Runner.

Aurora y Amalie, además de cantar y bailar, aporrean tambores y teclados, pero el grueso de la música corre a cargo de Tom, en segundo plano en el escenario, pero con el mismo protagonismo en las pantallas. Es interesante cómo los visuales en la electrónica siguen estancados en los recursos formales de los años 90, pensados para aturdir tus sentidos y, si cae la breva, tumbar a algún epiléptico.
Repertorio
El repertorio consiste en ocho cortes del único disco de TOMORA, dos temas de The Chemical Brothers («The universe sent me», «Eve of destruction») y otros dos de AURORA («Starvation», «My body is not mine»); todo muy salomónico. Anoche en Madrid, interpretaron también un tema nuevo, «What do we got», que según Aurora «pasó la prueba» al ver que su hermana bailaba con él desde la grada.
Cuando Aurora se dirigía una y otra vez a su hermana o charlaba cariñosamente con el público, su timbre de voz recordaba al de Bernadette, la mujer de Howard en The Big Bang Theory, generando un efecto algo cómico, pero también gran empatía. Durante «Have you seen me dance alone?», Amalie dejó sola a su compatriota en el escenario, y en ese tema algo más controlado entrevimos a AURORA (ahora sí, con mayúsculas), que quizá ha cedido más terreno que Tom Rowlands en esta aventura conjunta.

Un espectáculo que te zarandea
En ocasiones, Aurora y Amalie actuaban más para las cámaras que para los espectadores en las primeras filas, otra señal de que su espectáculo está pensado para auditorios más grandes que el del Botánico. Hubo atisbos de emoción en «Come closer», pero no iba la noche de sutilezas. En el único bis, «In a minute», también el cierre del disco de TOMORA, el rostro de un gato acelerado ocupaba a gran tamaño todas las pantallas. En lo musical, volvía a prevalecer el estilo de The Chemical Brothers por encima del de AURORA.
¿Es TOMORA un capricho puntual o tendrá continuidad discográfica? Es pronto para decirlo. De momento, en 2026 ofrecen un espectáculo que te zarandea, te hace moverte, pero que se queda algo corto por sí mismo; quizá sea más disfrutable como cierre de una noche de festival (sí, antes acababan a altas horas de la madrugada, no lo soñamos) que como plato fuerte de su propia velada.

