Nick Cave bendice al Mad Cool

Nick Cave silencia el Mad Cool de la gente corriente

Crónicas

Pues no agarra Nick Cave de la cabeza a un pavo, le mira a los ojos, le toca la frente, hace remolinos en el pelo, le canta a un milímetro y luego se va para atrás como si tal cosa. Ese chaval, ¿dónde está? ¿En qué grado de transformación se encuentra? ¿Tirado en una cuneta de la vida acaso? O compartiendo la verdad revelada, claro, algo mucho más probable y plausible. ‘Get ready for love’, nos canta el australiano a toda hostia, que es la única manera posible en un cuarto día consecutivo de festival. Pero a toda hostia os digo. Buah. GET READY FOR LOVE!

Nos aplatanamos la peluca a lo Nick Cave después de semejante salvajada. GET READY FOR LOVE! Manitas arriba. Uuuuuh! Estamos bendecidos. Es un poco como Florence, pero a ella la llamo bruja y a él predicador porque así me lo enseñaron y está mal. En esencia, es la misma transformación ‘From here to eternity’. Y ambos buscan exacatamente la misma conversión astral: el mundano se pregunta cuanto cuesta el euro en libras, y ellos cuanto pesará un alma si consigo vaciarla de contingencias y encerrarla en el puño de mi mano.

Este cañón de banda no te lo acabas. ‘Wild God’. ‘Tupelo’. ‘Joy’. ‘The mercy seat’. ‘Hollywood’. Cómo será de incomprensible lo que se siente que hasta el propio Nick Cave anuncia: «Are you ready?» Hasta se para la puta noria. Que se detenga la rotación de la Tierra (criiiiii). Y así sucede, mira tú. Canta ‘Into my arms’ y se escuchan hasta las chicharras. Cri cri. Qué canción. Semejante magnitud. Somos aquí 48.000 personas en silencio contemplando a nuestro papa (en minúsculas, como dios, pero no como Diablo y Satán) sentado al piano. Este es mi papa, y no el que te imponen cuatro sotanas malnacidas. El silencio absoluto es esto.

Que Nick Cave sea una putísima pasada no es algo que convenga escribir de más, porque hay que estar y las palabras no hacen justicia jamás. Además, yo venía, en verdad, a ver a los Black Crowes, que es una de las bandas de mi vida desde que mi hermano Juan Gallar me regalara ‘By your side’ cuando me operaron de fimosis en 1999.

Me lo sé de memoria porque es, manos arriba, lo único que podía hacer. Siempre imaginé cómo sería contarle a Chris Robinson que ese disco me salvó la polla, por eso me paralicé cuando, después del bolazo de los Black Crowes en Mad Cool bajo un calor absurdo, le vi venir hacia mí antes de Nick Cave.Aparte del temblor de piernas natural de sentir la presencia de un ídolo, es que yo le quería decir lo de la fimosis. Porque es importante para mí, vale.

Y, por tanto, comprendo, que para él también. Menos mal que me agarró Palo del pescuezo y me dijo: «en realidad, Gallar, no le importa tu fimosis». Fue un golpe de realidad, lo confieso, pero el caso es que ahora me estoy descojonando. No sabe lo cerca que estuvo Chris Robinson de que un pirado (que le entrevistó una vez por teléfono, yo), le diera las gracias por su fimosis. Convengamos que esto es bastante rocanrol.

Porque yo iba a ver a los cuervos negros. Justo por todo lo anterior. ¿Sabéis lo que me dijo el cirujano?: «No digas tanto ‘ay’, que ya te lo dirán las chicas». Es tan absurdo que justo de eso me acuerdo mientras estoy aquí a 150 grados fahrenheit viendo a los putísimos Black Crowes. La mente humana es fascinante. Grabo un vídeo y, si te fijas, se está derritiendo hasta el teléfono con el que grabo. Pero nos da igual. La vida es elegir y nosotros elegimos morir en la rotonda esa de la m45 emblemática con los Black Crowes. Como no tengo remedio, no se me ocurren, en verdad, formas tan hermosas de apagarme algún día. No es una discusión tonta ya, cuanto tienes una edad.

Siempre dije que, yo, en La Riviera. Pero empiezo a pensar que ya que te van a pisotear, la rotonda de la discordia que separa Villaverde de Getafe me mola. Me mSola que me piseis ahí. Mientras frente a mí, a 20 metros, los Black Crowes están a punto de evaporarse. ‘Sting me’ (guau!), ‘Jealous again’ (qué!), ‘Hotel Illness’ (ah!), ‘Hard to handle’ (cómo!). Fue tan absolutamente guay como esperaba, después de verles en el Palacio hace un par de temporadas. Uno siempre recuerda cuando suda rocarnol porque es parte del rito: ‘Twice as hard’. Jodidamente doble duro.

Ya hemos comentado que el Mad Cool te recuerda que vivir es elegir. No me parece bien, obviamente, aunque vivir es elegir. Me parece una putada. Igual que a ti, y que insisto, el segundo escenario es muy pequeño para lo que se propone. Podemos repetirlo infinitas veces (porque la peña es infinitamente plasta en su llamada al casito), así que sencillamente os cuento que estamos en David Byrne a la izquierda del todo (siempre es así física, figurada y políticamente, aunque nunca suficiente). Hay un huecazo acá, os lo revelo ahora que ya solo puedes venir a visitar una nave de vestuario industrial. Antes de eso, era nuestro secreto a voces.

‘Houses in motion’, ‘Psycho killer’ y ‘Burning down the house’. Pensaba, contemplando a David Byrne con apenas una cerveza de más, en ese preciso instante de pasajera inspiración, en qué original, qué divertido, qué inimitable, qué singular y qué leyenda este tipo. Reconozco que el agotamiento ya es en plan Tour de Francia (una vez subí a Alpe d’Huez y no me cansé tanto). Le decía hoy a mi hermano Juan Gallar que hay un placer claro en llegar al extremo, en esa saturación en la que ya te da todo igual. Yo creo que es hermoso sentirse tan saturado de rock que solo pienses en el cementerio de Jim Morrison. Algo así de loco.

El siglo XXI nos atropelló y mira que nos parecía lejano cuando Pulp cantaban ‘Disco 2000’. Pero aquí estamos, amigo, el cuarto sábado del Mad Cool consecutivo de 2026, tienes a tu hijo Bruno brotando del césped artificial este de donde nada brota salvo el genuino espíritu del rock y donde acabarán tus cenizas porque, total, ¿dónde te van a tirar? Aquí está bien, a la derecha del principal me siento seguro para la fría etenridad (manda cojones, ¿hará frío aquí alguna vez?) Dicho todo lo cual, ya sé que es algo previsible, pero me hace ilusión terminar con ‘Common People’. Porque eso somos: gente corriente festivaleando durante cuatro largos días en Villaverde. Adiós a otro Mad Cool danzando al son de los tambores de Pulp.

Tagged