Queens of the Stone Age en el Azkena 2024

Vitoria arde con el Azkena de siempre (Azkena Rock Festival 2024)

Crónicas

TEXTO: Rafael Mozún
FOTOS: Jordi Vidal, Oscar L. Tejada, Paco Poyato

¿Qué esperábamos de nuestra peregrinación a Vitoria-Gasteiz? Desayunar con Michael Monroe, aullar a la luna llena, salir en El Correo y dejarnos guiar por valiosos prescriptores para decidir entre escenarios o bares. En ambos conceptos es difícil equivocarse en este festival. 2024 también tuvo indiepolémica en el cartel, baños razonablemente limpios, lluvia intermitente y un Trashville aún más enloquecido. Que dé comienzo la aventura.

Primer día: lluvia, La Escoba y el puto Perry Farrell

Besamos el suelo del recinto y al poco nos llega la propuesta de Txopet, un power trío con mucho efecto de voz y letras en euskera. Euskadi es punk, siempre salen bandas de este estilo y Brigade Loco cumplen con los parámetros del género. Ofrecieron a piñón fijo temas coreables con las melodías de guitarra de unos Cock Sparrer espidificados o la contundencia de unos Crim. También aprovecharon para lucir camisetas We are dotore y ofrecer todo su odio a los “fachorros que van al hormiguero”.

Apenas habíamos degustado el art-rock de Whispering Sons cuando la lluvia hizo acto de presencia y todo árbol se convirtió en refugio. Menos mal que la organización habilitó la segunda carpa Trashville para esperar en seco. ¿Quién parará la lluvia? la eterna pregunta de la CCR quedó respondida con la primera canción pinchada bajo techo: No One Knows. Cuando escampó pudimos ver un rato a Ty Segall presentando su disco Three Bells que, todo sea dicho, no nos convence.

El primer momento revival llegó de la mano de Los Sírex, banda decana en lo suyo que tuvo numerosos éxitos en los años 60. En directo tienen el vigor que les falta a muchos chavales: “Hasta que no se vayan los rolling no nos vamos nosotros”. Con corbata y chaqueta roja encadenan canciones sin pausa: Mary Lou (“dedicada a tu abuela”), Resistiré, El tren de la costa, Maldigo mi destino, Soy tremendo, Bonita Muchacha, Que se mueran los feos, La Escoba… Juanito demuestra ser uno de los mejores guitarristas de esta edición, sacando oro de su stratocaster. “Porque la vida sin música no es vida”. Exultantes de vitalidad, morirán con las botas puestas. “Ahora nos vamos a Premiá de Mar a cantarle la Escoba en inglés a los guiris”.

Cambiamos del rock gran reserva al reserva con Jane’s Addiction. En esta gira no llevan el cuerpo de bailarinas, pero ellos mismos se bastan para cumplir con nota. Repasan sus tres primeros discos, donde plantearon, desarrollaron y triunfaron con un sonido que ya forma parte de la historia de la música. ¿Cómo están en 2024? diríamos que mejor que nunca, ya que el buen rollo que muestran sobre el escenario y el excelente sonido con bajos retumbantes vence a los estragos de la edad que también podemos vislumbrar. La sección rítmica no para de sonreír mientras uno de los dúos más glamurosos de Hollywood Boulevard hace levitar al público. Estar ante Dave Navarro es estar ante un dios de la guitarra, mientras que Perry Farrell -con mitones y sombrero- tiene más presencia que muchos protagonistas de David Lynch. Imprescindibles.

Terminamos la primera jornada con el rock de Bonafide, un constante ejercicio de estilo sobre AC/DC. Todas sus canciones remiten de manera inmediata a algún corte de los australianos, pero los suecos van justos de voz y energía.

Segundo día: Bala, La Perra Blanco y Michael fuckin’ Monroe

La segunda jornada se inicia con las tradicionales matinales en la plaza de la Virgen Blanca. Lisa and The Lips son un seguro de vida. La cantante con abanico, afro, tacones y su inseparable marido Bob Vennum regalan soul enérgico. Ideal para afrontar el día. Varios pintxos después alcanzamos en el recinto a Bala, poderoso dúo gallego que nos sorprendieron a todos con su álbum Maleza hace 3 años y que hace apenas 2 meses han editado el excelente Besta. En Vitoria además se unió durante varias canciones la bajista de Nashville Pussy y versionaron a Nirvana. Su improbable hit Agitar es historia del rock de aquí, un clásico que lo es a la vieja usanza: por recomendación y no por marketing. Sí se puede

Continuamos con Dea Matrona y temas como So Damn Dangerous. Mucho postureo en temas sencillos y ejecutados con gusto. Buena versión de Oh Well y potentes por momentos, pero con demasiados parones. Esperamos que llevasen protector solar. Nos acercamos a sonidos más clásicos con Ghalia Volt, mujer orquesta que se basta ella sola con voz, guitarra y percusiones para dar pinceladas de blues rock pantanoso con algunos momentos melódicos en la onda (y el tupé) de Imelda May. Actuar sola es meritorio, pero su propuesta se hizo repetitiva.

Minutos más tarde el escenario Love se quedaba pequeño para recibir a la nueva revelación del rock and roll. Desde la Línea de la Concepción con el moño de Amy, el brazo derecho de Sister Rosetta y el manejo de caderas de E. Aaron les presentamos a La Perra Blanco. Alba (el nombre que pone en su DNI) domina sin despeinarse el lenguaje de la guitarra rockabilly, y le suma una energía, un desparpajo y una expresión corporal que parece que combustiona en cada acometida. Presenta sus autobiográficos temas como catarsis: “esta se la dedico a un chico que me dijo cosas muy bonitas… que eran todo mentira”, “todas las canciones tienen esta matemática: el amor me ha sido esquivo pero la guitarra no” o “una canción sin nombre que sólo dice: nadie te quiere porque no tienes dinero, porque no tienes estilo (suspira). Ay dios mío”. En sus solos más bluseros muestra todo el dolor y la rabia que sólo el blues sabe sintetizar. Escandalosamente auténtica: ella es el rock and roll.

Hay bandas que han nacido para tocar en el Trashville. Jo Carley & The Old Dry Skulls llevan un contrabajo esqueleto, tabla de lavar, maracas y hasta beben en cáliz. La carpa parecía especialmente condicionada para ellos y su banda sonora de casa del terror de 1957 con sus relatos de miedo y misterio. Unos cientos de metros más allá Redd Kross estaban picoteando por toda su discografía, donde aunan la frescura del rock alternativo con la solidez del clásico. Coros, bajos saltones, guitarras de brillantes racarraca… se consideran antes fans que músicos, y por ello toman inspiración sin recato de todas partes. Gran ejemplo es Huge Wonder ya que “Este tema tiene un riff con el espíritu de Tony Iommi”.

Seguimos recorriendo el recinto sin descanso: The Rain Parade son unos clásicos de la psicodelia y su oficio nos lleva a su época dorada, los 60. Otras clásicas son L7. Donita Sparks (Flying V en ristre) y compañía tocaron su Bricks are Heavy al completo y demostraron por qué son icono de su época.

Llegó el momento de la polémica. Arde Bogotá pidieron tocar en el festival, ajustaron su caché y provocaron que el viernes fuera el día más concurrido del fin de semana. Bravo por unos músicos que primaron tener este concierto en su currículum frente a mejores ofertas monetarias. Ahora bien, no pegaron ni con cola y ni siquiera tuvieron su mejor día. Las virtudes que muestran en su Cowboys de la A3 quedaron diluidas en un directo muy plano. Muchos festivales han apostado en el pasado por algún nombre que no encajaba para nada en su cartel, ¿seguirá ARF esa senda? Como ver al Dúo Dinámico en Aranda o a Venom o los Chichos en el PS. Desconcertante.

El punk de coros adictivos (vía ouooo o incluso yeiyeahs) nos esperaba con The Black Halos. Aunque entretenidos, les faltó la contundencia que deberían tener sus canciones en directo. Dedicaron un tema a las salas de conciertos como Helldorado y cerraron con Michael Monroe colaborando en un par de temas.

Los cabezas del viernes -probablemente del festival- fueron Queens Of The Stone Age, una banda que a su tremenda solvencia se le suma en los últimos años un público masivo que les lleva en volandas. Sus temas nuevos como Paper Machete o Emotion Sickness ya suenan a clásicos y su traca final con paradas en el Rated R o Era Vulgaris termina de asentar su sobresaliente.

En un hábil ejercicio de picoteo una visita a la carpa nos reveló la existencia de Les Greene. Huracán de la naturaleza y reencarnación de Little Richard en la versión de Tutti Frutti que suena en la película de Elvis. Su voz asalvaja en el rock y enamora en el soul. ¡Menudo temazo es Reconcile! También es un atleta que baila con extra de pelvis, voltereta lateral y flexibilidad máxima. Algo así debió ser para los neófitos iniciarse en la experiencia rock hace 70 años.

De un portento físico a otro, el finés Michael Monroe resucitó hace un año a Demolition 23 y no sólamente toca su grandioso disco, sino que da un repaso a lo mejor del punk de los 70 con temas de MC5, Dead Boys The Stooges o The Damned. Un par de paradas en Hanoi Rocks y una escalada por la estructura del escenario a sus 62 años confirman que es uno de los mejores frontmen del planeta.

Tercer día: Les Greene lo vuelve a hacer, relax country, rock malasañero y éxtasis con momias

Unas horas de sueño reparador y de vuelta al centro de Vitoria en visita gastromusical. Estaban anunciandos The Pickin’ Boppers, curtidos valencianos que el día anterior fueron la banda de Les Greene, que les acompañó también a la luz del día. No había sido una fantasía provocada por la luna llena, puso a la plaza a cantar y a bailar con temas como su reciente Can you keep a secret. Los españoles y el norteamericano apenas ensayaron y su mezcla hizo click de inmediato, no sólo musical sino también personalmente a juzgar por los abrazos que se dieron al terminar. No eran los típicos abrazos de compromiso, se notaba que eran de verdad. En la parte trasera del escenario La Perra Blanco grababa vídeo, no sé a qué esperan para hacer algo juntos.

Último paseo al recinto de Mendizorroza donde a la nueva versión de los Detroit Cobras le faltó punch. Tienen las canciones pero no la actitud ¿sería el horario tempranero? Glen Hansard terminó su concierto mucho antes de tiempo. Se rumoreaba que el día anterior se le había visto bastante lacasito en el backstage, y parece cierto cuando al día siguiente -en su actuación en Noches del Botánico- tocó el doble de tiempo y comentó que en el Azkena “había bebido unas cuantas cervezas y había acabado messy”. En otros escenarios Warren Haynes demostró que es un maestro de la guitarra de rock sureño y Funtasmas -aunque empezaron con retraso y su theremin funcionara a ratos- divirtieron con temas como el Night Train de Jimmy Forrest, del jazz al rock gracias al filtro bastardo de James Brown. Viva la transmutación.

Seguimos sumando kilómetros. En el escenario Respect nos esperaba Mavis Staples, la última que queda de los Staples Singers. Parafraseando a Springsteen: The Last Woman Standing. En sus temas mezcla soul y la fuerza del gospel a sus casi 85 años. Inspiration and vibration.

La vuelta de The Pleasure Fuckers ha sido una de las sorpresas más positivas de este año. Los malasañeros tienen cantante nuevo (RIP Kike Turmix) y sus clásicos o versiones como Hot Legs suenan mejor que nunca. Antes de terminar la mujer de Turmix le canta una canción. Esperemos que decidan continuar algo más, las salas necesitan de su energía.

Pasamos de la urgencia malasañera a la tranquilidad country pop de Sheryl Crow. La conocimos de joven por sus grandes hits en los 90, ahora en la sesentena es una dama de Nashville. Su banda maneja a la perfección tiempos y dinámicas: armonías, arreglos de varias guitarras y leves apoyos de hammond. Capaz de estar un día en el Starlite y al día siguiente en el Azkena. Comentó la buena imagen que tiene de la España actual mientras que en América sólo hay “growing pains”. Quién quiera entender que entienda.

En un fatídico solape entre dos ofertas irrechazables decidimos bailar el comienzo de St. Paul & The Broken Bones. Su líder, con pintas de enrollado profesor universitario, sorprende con bailes y agudos imposibles. Instrumentalmente es difícil sonar mejor: cadera funk y soul sensual del que te mete el ritmo en el cuerpo. ¿Hemos dicho que el saxo bajo es de nuestros instrumentos favoritos? Groovement de primera.

Aún bailando nos acercamos a Psychedelic Porn Crumpets. Last.fm se chiva de que fue en la pandemia cuando esta banda entró definitivamente en nuestras vidas. Inclasificables con toques progresivos e intensidad rayando el metal, pero no son nada de eso. Digamos que sus ritmos son de headbanging obligatorio y que lo que mejor les define es su nombre, los pogos y los katxis al aire.

¿Cuál sería el mejor final de fiesta para un festival así? se nos ocurren muchas opciones y una de las mejores es The Mummies. Una de las bandas más importantes del garage y que aún podemos ver en el formato en el que triunfaron: sudando la gota gorda bailando en las primeras filas con los músicos a un palmo. También siguen dando esa sensación de peligro que parece perdida en el rock, con sus miembros empujándose, golpeando el órgano farfisa y golpeándose entre ellos CON el farfisa. Surf, locura y diversión no exenta de enorme calidad instrumental y sonora. Larga vida a las momias.

Hay gente que pronostica en 5 años el fin del rock (el de verdad. Si has llegado hasta aquí tú y yo sabemos cuál es, que esto es Mercadepop). Sin embargo existe esta aldea poblada por irreductibles rockeros que resiste, todavía y siempre, al invasor. Un público que en su mayoría, como los músicos del cartel, podemos dividir entre veterano y veteranísimos. Pero una masa de gente que aún entiende la música de una manera que hoy es casi revolucionaria, ¿alguna vez dejó de serlo?. Bienvenidos al paraíso del rock, toda una terapia contra la ansiedad para el melómano de mediana edad. 

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