M-Clan en el Botánico: una película que ya hemos visto y que siempre acaba bien

Crónicas

¿Podemos llamar banda a M-Clan en 2026?

Admito que la pregunta suena a provocación, pero es legítima. Desde que la formación original quedara desmantelada en 2010, el grupo murciano pasó a ser un duo de facto, compuesto por el cantante Carlos Tarque y el guitarrista Ricardo Ruipérez.

Fotos de Anna García

Arrancaron esa nueva etapa reivindicándose con un buen disco de sonidos soul, Para no ver el final, del que aún hoy suenan cuatro de sus temas en directo. Y la razón por la que tienen cabida es porque a aquel elepé le siguieron otros dos mucho más desinflados y, luego, una década de silencio discográfico.

Da la impresión de que el corazón de Tarque y Ruipérez está puesto en sus proyectos paralelos y que M-Clan es la empresa familiar que continúa abierta porque, vaya, paga las facturas. Tirando de hemeroteca, creo que podría parafrasear a Tarque reconociendo esto mismo.

Fotos de Anna García

La gira actual se denomina “30 Aniversario”, pero en realidad la efeméride ya tuvo lugar hace dos o tres años sin que nadie la celebrara. Y el setlist con el que salen a la carretera en 2026 es, con leves matices, el mismo del disco en directo Dos días en el Price, que grabaron en 2014 y con el que festejaban dos décadas de carrera musical.

Así pues, reformando la pregunta inicial: ¿Qué es M-Clan hoy? Desterrado el corazón, queda el oficio; y de eso van muy sobrados. Son un combo de crowdpleasers para los que ya no cabe el debate de si canciones como “Carolina” o “Sopa fría”son trivialidades de radio-fórmula (aquella que molaba y no lo sabíamos, digo) que deban ser expurgadas de su repertorio. ¿La gente las canta a grito pelado y las disfruta? Pues “pa’dentro”.

Ya está dicho todo lo malo. Lo bueno es que el directo de M-Clan siempre estuvo en lo alto de la pirámide del pop-rock español, y quien tuvo, retuvo. Sin desmerecer a Ricardo Ruipérez, siempre cómodo en segundo plano (no ya con respecto al cantante, sino con las guitarras), no se entiende M-Clan sin Carlos Tarque.

Lo que Miguel Ríos fue para nuestros padres, Tarque lo es para nuestra generación. Sí, podríamos haber soltado esta misma sentencia hace veinte años, pero es ahora, con sus patillas encanecidas y atravesado ya el meridiano de la cincuentena, cuando resultan inequívocos los paralelismos. Porque Tarque merece estatus de clásico y eso le sitúa en otra liga. Ah, y las voces, claro: tanto Miguel como Carlos conservan gargantas privilegiadas, aunque hay que constatar que el rock and roll way of life que el segundo ha llevado a gala durante décadas le ha restado una “miaja” de aire a sus pulmones. Pero el color en la voz sigue ahí.

Un concierto de M-Clan un sábado por la noche en el Jardín Botánico suena a plan irrechazable, a satisfacción garantizada. Así lo entendieron los cuatro mil asistentes, que prácticamente se lanzaron al bosque del recinto a la hora de la apertura de puertas, huyendo del fuego del asfalto porque, como dice la canción del grupo, “Las calles están ardiendo”. Y el verano solo acaba de empezar.

Todos, sin embargo, estaban frente al escenario cuando M-Clan salieron puntuales a las diez menos cuarto. Hay una buena cuota de talento murciano en la nueva formación, junto al bajista asturiano Chapo González, que lleva en la banda la mitad de la existencia de esta -y al lado de Tarque en su proyecto paralelo-, más un trío de metales del que el cantante no se resistió a destacar que el trombonista Marcos Crespo actuaba por cuarta vez esta semana en Noches del Botánico (acompañó a Love of Lesbian de lunes a miércoles).

Fotos de Anna García

El sonido era bueno, aunque la voz de Tarque podría haber estado un punto más arriba en la mezcla. La realización en las pantallas era funcional, demasiado enamorada de un plano general parecido al que los de grada ya alcanzaban a ver con su propio ojo; pero en cualquier caso, se agradecía el intento. La luminotecnia, solo competente.

Que la gente había venido a cantar se corroboró en los estribillos de “Calle sin luz”, “Para no ver el final” y “Llamando a la Tierra”, el tríptico con el que arrancaron los músicos, para sorpresa de nadie. La nueva formación no acusó falta de rodaje, a pesar de llevar pocos conciertos a sus espaldas (su calendario se pone intenso este verano). Desde el foso, mezclado con los fotógrafos de prensa, Alejo Stivel, productor de los discos que lanzaron a la banda, los observaba con orgullo.

Las miradas estaban puestas en Tarque porque él, claro, no hubiera permitido otra cosa. Por compararlo con otros grandes frontman del rock español (también libres de instrumento), Loquillo o Bunbury son unos maestros en proyectar su imagen más icónica sobre el escenario, pero es fácil anticipar lo que van a hacer porque se trata, al fin y al cabo, de gestos teatrales ensayados y repetidos durante años.

Fotos de Anna García

A Tarque, sencillamente, no puedes dejar de mirarlo porque nunca sabes lo que va a hacer a continuación. Lo más probable es que ni él mismo lo sepa. Se tira al suelo y comienza a hacer pilates mientras canta; deja un vaso de cerveza sobre el plato de la batería mientras su dueño trata de tocarla; se estrangula a sí mismo con el cable del guitarrista… La adrenalina corre por sus venas y todos estamos pendientes de él para ver qué insensatez se le ocurre a continuación. Y sin dejar de cantar de maravilla.

A veces sale mal, claro. Anoche, lanzó al aire su pandereta y, con gran puntería, golpeó en la cabeza a un pobre muchacho de seguridad que, sentado en el foso, daba la espalda al escenario. Tarque suplicó perdón con sus manos, pero el chico ya no dejó de mirar de reojo por encima de su hombro. Y hacía bien, porque poco después Tarque se puso a hacer pesas con uno de los monitores de sonido.

Fotos de Anna García

La concatenación de “Roto por dentro”, “Las palabras que me dijiste”, “Gracias por los días que vendrán” y “Los periódicos de mañana”, a la media hora de espectáculo, sirvieron al cantante para recuperar fuelle después de la traca inicial; pero también dispersaron un tanto la atención del público. No fue grave, pues enseguida llegaron al rescate “Chilaba y cachimba”, “Las calles están ardiendo” y “Pasos de equilibrista”.

“Miedo” es una balada sobre soledad y vulnerabilidad que nadie se resiste a cantar a pleno pulmón, un poco como sucede con “M” de Los Piratas o “One” de U2. Siguió “Maggie despierta”, la versión del tema de Rod Stewart que no hemos escuchado cantada en condiciones casi desde que se grabó, pues Tarque se empeña en darse un paseo entre el público mientras farfulla chistes ininteligibles. Pero reconozcamos que fue el momento que puso por fin a toda la grada en pie, justo antes de la primera despedida, a los setenta minutos de comenzar.

“Sopa fría”, abriendo el bis, fue lo más parecido a una sorpresa que contuvo el repertorio del concierto. El single del disco homónimo, desdeñados ambos en su momento, consiguió aquello para lo que fue concebido: que todos cantaran con una sonrisa en la cara (y con una cerveza en la mano). Alejo Stivel y el teclista Íñigo Uribe se unieron en “Usar y tirar”. A juzgar por su vestimenta veraniega, Alejo no sabía que iba a tener que pisar el escenario, y el suyo fue un “dueto de cortesía” en el que no pudo hacer gran cosa ante un Tarque ya en modo avasallador. “Nos vemos ahora, dejad algo”, despidió el cantante a sus invitados cuando se bajaron del escenario, dando a entender que la noche acababa de empezar. Carlos, recuerda que dentro de una semana actúas en Murcia.

Fotos de Anna García

“Carolina” es la clase de tema que es imposible no tararear: hasta el chaval al que Tarque había agredido con su pandereta la cantó entre dientes. La alegría era colectiva durante “Quédate a dormir” y “Concierto salvaje”, la única composición de los últimos tres lustros de M-Clan que continúa en el repertorio, pero que al menos tiene el honor de cerrarlo. Había satisfacción arriba y abajo del escenario después de las casi dos horas de show; por el hilo musical sonaba “Dime que me quieres”, quizá para halagar a ese Alejo Stivel que esperaba para comenzar la fiesta en el backstage.

Fotos de Anna García

Si hago memoria, no he visto un solo concierto de M-Clan que me haya dejado insatisfecho, y son unos cuantos. Este espectáculo que llevan de gira en 2026 (con la excusa de un trigésimo aniversario ya caduco) es muy fácil de recomendar. ¿Quién puede pasarlo mal cantando “Basta de blues” o “Perdido en la ciudad”? Solo espero que Tarque y Ruipérez no hayan dado por concluida la trayectoria discográfica de M-Clan. ¡Hasta Miguel Ríos está grabando canciones nuevas! Es demasiado pronto para que los murcianos se acomoden en un eterno victory lap, por mucho que a su público le valga.

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