Calientan motores Love of Lesbian para un verano con la agenda llena de festivales, la última traca antes de su anunciado retiro. No es que no les creamos cuando dicen que van a parar indefinidamente, pero estamos escaldados de jubilaciones en falso (el síndrome Miguel Ríos, lo llaman algunos), así que lo encaramos con prudencia. Quizá se trate más bien de un lustro sabático.
Desde luego, la oferta del grupo catalán no cesa por falta de demanda. A la chita callando, sumando sus tres noches en el Jardín Botánico, Love of Lesbian han convocado a 12.000 personas esta semana en Madrid. A finales de julio tienen otra velada en el elitista Teatro Real, con un aforo de 2.000 espectadores, y en septiembre se despiden de Alcalá de Henares con un show en la enorme explanada de la Huerta del Obispo. Así que la Comunidad de Madrid le deja claro a Love of Lesbian que se van porque ellos quieren.

A las nueve menos cuarto advertía la voz pregrabada que el concierto de Love of Lesbian comenzaría en quince minutos. Lo ponía en las entradas, sí, pero a muchos les sorprendió desagradablemente porque acababan de aposentarse en algún rincón del encantador Jardín Botánico, con la cena recién comprada entre las manos. No queda clara la ganancia de empezar el concierto de día, algo que siempre resta magia al espectáculo, y privar a los propietarios de foodtrucks de hacer una hora más de caja. Los únicos que respiraron aliviados fueron los patitos del riachuelo, que se juegan sus cortas vidas cada vez que deambulan por la orilla entre tanto transeúnte despistado.
Love of Lesbian en el Botánico
La grada alta recibía los últimos rayos de sol cuando la hermandad lésbica pisó por tercer día consecutivo el escenario. Los abanicos se agitaban allá arriba, pero abajo corría una brisa agradable. Love of Lesbian llevan la producción que corresponde a un grupo de su calibre, así que había pantallas tras los músicos y a ambos lados del escenario. Noches del Botánico debería plantearse ofertárselo a todos los artistas que pasen por su escenario (y no solo a los que ya lo traigan integrado en su espectáculo), pues con la pista llena no siempre se atisba con facilidad a los intérpretes.
Arrancaron con «Ejército de salvación», el tema homónimo de su último disco, del que sonarían cinco cortes a lo largo de la noche. Sonó a continuación «Cuando no me ves», en el que se les uniría un trío madrileño de metales a los que Santi Balmes presentó más tarde como Los Imputados (lo que daría pie a chascarrillos sobre las izquierdas y las derechas con ese humor «de padre» tan del gusto del cantante de la banda). Los tres intérpretes reaparecerían en la segunda mitad del recital, dándole músculo a los arreglos de las canciones cuando más falta hacía.

Porque, siendo sinceros, la primera parte del show se les escurrió un poco entre los dedos a Love of Lesbian. Atendiendo a lo leído en redes sociales y a lo dicho por el propio Balmes, los conciertos de los dos días anteriores debieron ser tales triunfos -el del lunes, bajo una lluvia torrencial que siempre añade épica- que el equipo salió a jugar sintiendo que el partido estaba ganado. Una cierta atonía se instaló en la primera parte, provocando que el público en grada no se decidiera a ponerse en pie. Solo unos pocos valientes en las últimas filas se animaron a estirar las piernas desde el principio.
Las canciones cortavenas
Constatemos que, en esos primeros minutos, la gente aplaudió con entusiasmo cuando Santi Balmes presentó a Rigoberta Bandini durante el dueto de ambos en «Contradicción»; al menos, hasta que repararon en que la artista cantaba su parte pregrabada desde las pantallas, en lugar de en vivo. Bueno, no es muy distinto de lo que Elton John llevaba a cabo en su gira de despedida con Dua Lipa y su tema conjunto «Cold Heart»: si vale para el británico, también lo hace para los de San Vicente del Horts, supongo. Calentó, sin llegar a quemar, su interpretación de «1999», con una coda con el estribillo de «Por qué te vas», de Jeanette.
Debió intuir la banda, tan dada a permutar el repertorio, que se estaban pasando de frenada; porque, tras una atmosférica e intensa «La noche eterna», en la que inundaron el escenario con una humareda capaz de matar a Bunbury, Santi Balmes avisó que se acababan «las canciones cortavenas». Llegó la hora de ponerse «hedonista, o al menos epicúreo». Con «La Champions y el Mundial», la grada entera convino en que había llegado la hora de ponerse de pie.

Dijo Balmes al presentar la cabaretera «Me amo» que dicha canción le había ahorrado horas de terapia para aprender a gestionar «el odio de los haters«, de la gente que le preguntaba si sus padres eran hermanos. «Por suerte, luego se fueron a por Viva Suecia», concluyó. El cantante avivó los coros del público (que movía los brazos al tempo que el intérprete le indicaba) dejando caer que cantaba «casi, casi tan fuerte como Barcelona». Tras el incremento de decibelios, añadió: «Siempre funciona».
La hermandad
Con «La hermandad», Love of Lesbian han dado con otro himno capaz de igualar en entusiasmo colectivo a «Club de fans de John Boy», que a pesar de todo cerró el bloque principal como merece. Entre ambas, Balmes se bajó del escenario y repartió amor en las primeras filas durante «Algunas plantas». Los tres temas consecutivos elevaron la energía del concierto al lugar que le correspondía.
El bis comenzó con «Allí donde solíamos gritar», con Balmes solo a la guitarra y los espectadores, ya con ganas de cantar, haciéndose oír por encima del músico. Cuando la banda y los metales se unieron a él y la canción se asemejó en sus arreglos a la popularizada en el disco 1999, un espectador a mi lado gritó «¡ahora sí!». Al parecer, el público de Love of Lesbian no quiere experimentos, solo satisfacción garantizada.

Y la consiguieron. Tras dos horas, el último concierto de los catalanes en el Botánico se finiquitó con «Los toros en la Wii» (que hasta en el repertorio de la banda figura con el coherente nombre de «Fantástico»), con una luna que apenas era una uña sobre nuestras cabezas. Había suficientes sonrisas allá donde miraras como para adivinar que estos espectadores estarán allí esperando cuando Love of Lesbian decidan volver. Y hasta puede que el descanso sea beneficioso para los músicos, para que nunca den por hecho esta conexión tan especial que han logrado generar con sus fans.

