U2 en concierto en Madrid

U2: yo sí que hablaré de ti cuando hayas muerto

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De la misma manera que uno se despierta por la mañana sin saber que ese va a ser el día de su muerte, también hay otras ocasiones, por fortuna muchas más, en las que las buenas noticias te esperan a la vuelta de la esquina. Ayer mismo paseábamos por La Latina y se detuvo Bruno en el callejón de Los Irlandeses, justo donde vivían Tomás y Ángela (esto no lo dije porque no venía al caso), para decirme: «¡Mira papá, es tu calle

La vida está plagada de esos momentos tontorrones que se nos quedan marcados como ley en roca. Sí que ese era un poco nuestro callejón de hacer el mal a veces, pero para qué iba a contar yo eso en ese preciso instante. Para nada, porque la coña es que yo diga recurrentemente que soy el único irlandés de Carabanchel y que Bruno tenía que, según mis cálculos, haber nacido cuando fuimos a ver a U2 a Dublín en julio de 2017. Pero me salió mal, y mira que lo intenté a cabezazos y todo, pero tuvimos que esperar a septiembre y nos salió español. En mi cabeza era demasiado perfecto tener un hijo dublinés que salió de la tripa de su madre llamado por la voz de Bono en Croke Park.

Quiero decir con esto que cuarenta días después de ‘Days of Ash’, el primer EP de U2 en 2026, estamos a mil jodidas millas de estar bien, porque la muerte es un desastre de puta madre, pero si el viernes santo toca resucitar, al menos hay que intentarlo. Nosotros pasamos un kilo de todo lo que tiene que ver con pasear moñecos por las calles, somos más de esparcir las cenizas al viento porque total, para qué coño vale otra maldita cosa si ya no es. Así lo hicimos pues mientras nos diluviaba encima aquel viernes de febrero de mierda tan diametralmente opuesto a las noches de gloria del rock donde sí encontramos la espiritualidad y la trascendencia que nos da la gana. La nuestra.

Nico y Clara Gallar duermen

Hoy es viernes santo, día feriado pues, el sol está en lo alto y nos vamos por ahí otra vez. Nicolás y Clara Gallar aparentemente duermen, pero es improbable porque en esta casa ya solo suena U2 en un bucle infinito que busca respuesta a no sabe uno qué. Y lo para el recuerdo que queda mi «¡levantarse ya que hay nuevo disco de U2!» Nada puede importarles menos. Pero ahí está Bono gritando que no tapemos nuestras cicatrices. De lo que no habla ‘Scars’ es de las cicatrices que sentimos que tenemos por dentro de las manos los que enterramos muertos, de lo que nos pesan de repente las tareas cotidianas porque les cargamos con nosotros.

Yo creo que las cicatrices que salen por fuera es porque no las curamos con canciones. Es una santa gilipollez, o no. Yo escribo para sobrevivir y he hecho algo que nunca jamás hago: enseñarle a Palo lo que tenía entre manos. Ha llorado en la cocina y eso me hace recordar el daño emocional que pueden crear las canciones pero que, yo opino igual, sanan los temones. La mamá de Paloma está aquí porque siempre me daba likes a mis cosas más izquierdosas. Una diosa, si me preguntan. Y escribo para ella porque me acuerdo de la peli aquella de ‘Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto’. Bueno, pues yo me acuerdo sin parar, todo el tiempo, sin descanso, como si buscara un aire que no tengo.

Adiós, qué mal, fatal

Y es que el adiós es algo espiritual, pero es muy físico también. Lo notas al partir una barra de pan, al llamar al telefonillo alguien, cuando te acuerdas de todas las malditas veces que te gritaban que bajaras el volumen del ‘Achtung Baby’ cuando salió el ‘Achtung Baby’. Cuando te decían el miedo que tenían a morirse pero luego se murieron como si tal puta cosa. Eso es, literalmente, la vida que nos queda. Yo no tengo nada en lo que creer llegados a este punto, por supuesto no en dios, así que solo creo en ti, en mí y en la gracia de U2. Que ya sé que es una exageración, pero puede que para mí no lo sea.

Para mí, de hecho no lo es. Creé esta web para hablar de U2, empecé hablando de U2, seguií hablando de U2, sigo hablando de U2. He envejecido de la hostia hablando de U2, pues Mercadeo Pop empezó en 2007. Llevamos ya, santo dios, 19 años. Me han pasado pocas cosas malas para todas las cosas malas que le pasan a una persona media. Pero lo que te puede llegar a salvar un puñado de canciones nuevas de la banda sonora de tu vida no lo sabe nadie.

El lirio de pascua

Un lirio de pascua es un poco mucho como ver a tus hijos jugar al balón prisionero mientras te tomas un tinto de verano estupendo repleto de hielos, con el sol golpeándote contra la gafas de sol y alguien que te sostenga la mano. Eso es también un nuevo disco de U2. Buen o malo, yo qué sé. Qué ilusión es siempre la salvación. Hablan estos viejos locos irlandeses de día de resurrección y, bueno, yo no creo en eso porque no lo veo. Se está muriendo gente que antes no se moría, pero nos siguen gustando las mismas canciones que antes nos gustaban y encima llegan otras nuevas.

‘In a life’ es bastante guay. ‘Coexist’ no lo parece pero también lo es. Tiene de malo este EP que llega con el factor sorpresa pero cuarenta días después del que parece el principal. Sin ser descartes ni caras-b, algo de eso tienen. La verdad es que intento hacer una crítica periodística al uso y me da risa, menuda pesadilla. Es un EP razonablemente bueno para ser U2 en 2026 y los cuarenta días preceptivos después del anterior, que sí me sigue gustando más. Pero quién cojones soy yo, si solo busco que U2 me salve la vida entre la muerte.

No sé si lo sabéis, pero hay gira por Europa de U2 en 2027. Y, después de toda la chapa anterior, eso es. Ahí está todo. En que Bruno pueda ver a Bono, quejarse en directo de lo plasta que soy pero a la vez sentir lo que demonios sienta. Al fin podrá comprender lo que es ser un irlandés de Carabanchel de pura cepa y ver todo eso que todos hemos imaginado. Contemplar cómo una canción nos sobrevuela, nos encara, nos aterriza, nos folla y nos resucita.

Esto va para Paloma y para Juan. Dos personas vivas.

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