No somos los mismos que hace 30 años pero, si queremos si quiera acercarnos un poquito, podemos buscarnos en el reflejo que nos devuelven las canciones de Placebo esta noche en el Movistar Arena de Madrid. En ellas habita una parte de nosotros que, si logramos identificar, nos hace vernos desde el ahora hasta el entonces como si acaso no fuéramos de alguna manera y en esencia siempre aquellos. Almas errantes atrapadas en el tiempo que, a través de la música, encuentran la salida para contemplarse a sí mismas desde fuera: otredades pop en la vida eterna.
Y suena, como entonces sonaban, ‘Pure morning‘, la canción que abre un recital de cerca de dos horas centrado en el primer disco de la banda, de título homónimo, lanzado en 1996, y su continuación de 1998: ‘Without you I’m nothing’. Un regreso al futuro, un juego de espejos en el que, cuidado, no conviene mirar directamente al epicentro de los recuerdos, pues, como con los eclipses de sol, corres el riesgo de quedarte ciego, volverte loco y confundir la realidad con la imagen en tu cabeza. Y suenan, como entonces sonaban, ‘Come home’, ‘You don’t care about us’, ‘Teenage Angst’ y ‘Bionic’.
Placebo en Madrid

Juegan a ese engaño, mientras tanto, Brian Molko y Stefan Olsdal, admitiendo su condición de catalizadores. Aprovechándose de la mentira que devuelve siempre el escenario, pareciera que el cantante está, efectivamente, presentando su primer disco, con esa melenita de entonces y el tipín tan fino. El montaje escénico sería algo evolucionado para lo que se estilaba en 1996 pero, desde luego, está a años luz de la grandilocuencia que es norma a día de hoy. Las pantallas incluso muestran imágenes algo difuminadas (sin duda con la intención de mantener el hechizo temporal), todo lo contrario a la altísima definición de los grandes eventos de 2026.
Claro que, el gran empeño, a priori imposible, es que el público no filme nada de la actuación con sus smartphones. Este es el mensaje que veían los asistentes nada más entrar al recinto en las pantallas gigantes: «Recordarás el momento, no la grabación. Mejor sin tu teléfono. Vamos a compartir esto juntos». No me parecía un posible, pero ocurrió y me parece asombroso haber vivido un concierto de Placebo en 2026 sin teléfonos en el Movistar Arena. Y me parece más asombroso aún que haya sido pidiéndolo por favor de buenas maneras (y solo en unos poquitos casos un poco de nada por las medio malas, en las primeras filas, con los de seguridad deslumbrando con linternas).
15.000 PERSONAS DISFRUTANDO DEL MOMENTO
Ha sido como el chiste, pero en verdá: «Míralos, ni un solo móvil, solo 14.000 personas —rozando el lleno, sin estarlo— disfrutando el momento«. Desde la grada de prensa, pensaba que era como estar en uno de aquellos vídeos de conciertos que grabábamos en VHS de chavales. Todo el mundo apretado, saltando y aplaudiendo con las dos manos porque, vaya, no estaban agarrando nada con una de ellas. Y, tengo que corroborarlo cuando pase un poco más de tiempo, pero tengo la sensación de que he conseguido registrar más imágenes mentales al no estar pendiente de grabar con el móvil (porque uno, como humano, es contradictorio también).
«Muchachos y muchachas, un placer estar aquí. Os damos las gracias por cooperar y entender que no queremos teléfonos porque ¡en 1996 no teníamos fakin móviles! Desde aquí lo veo todo y veo que muchos seguís grabando. Todo el mundo tiene un primer aviso, y este es el mío: Fuera móviles o tendrás que irte. No mercy!». Mira que lo dijo clarito Brian Molko pero, aún así, tantos con su momentito de gloria de «yo estuve ahí», grabando de soslayo y tal. Ni por esas, joder. ¿Tan mal estamos de la puta cabeza que ni por cortesía y reconocimiento a todo lo que nos ha dado Placebo podemos conseguirlo por una noche?
‘WITHOUT YOU I’M NOTHING’
Cierto es que la obsesión del cantante le llevó en algún momento a avisar a seguridad y señalar a gente entre el público, lo cual no deja de ser un disparate, pues eran casos tan aislados como fugaces. Tanta fijación termina dispersando la atención de un concierto de por sí sobrado de contundencia y corpulencia (aunque hay quien se queja del sonido porque, ya se sabe, en estos grandes recintos todo va por barrios). De hecho, nos acaba de pasar lo mismo que durante el show y nos hemos puesto a comentar la prohibición de los teléfonos (que en realidad viene de largo en Placebo) en lugar de seguir hablando de temazos. Retomemos pues.
‘Without you I’m nothing’ es una barbarie a la que siguen ‘Allergic (to thoughts of Mother Earth)’, ’36 degrees’ y otra gran barbaridad: ‘I know‘. No tengo certezas pero tampoco dudas de que entre el gentío hay despistados que echan en falta todos los hits que la banda ha ido acumulando a lo largo de sus tres décadas de vida, y eso quizás explique el encallamiento del recital en el tramo con ‘Brick shithouse’, ‘Scared of girls’, ‘My sweet prince’ y ‘Lady of the flowers’. El nuevo single del grupo, ‘Helen Keller’ —dedicado a la escritora, oradora y activista estadounidense— tampoco termina de levantar los ánimos del personal, igual que ‘Bruise Pristine’.

‘NANCY BOY’
La cosa es que uno se da cuenta de que al concierto le amenazaba cierto letargo ante tantas canciones relativamente desconocidas cuando empieza a sonar la guitarra de ‘Nancy boy‘. Ahí sí estamos. El estruendo es diferencial, la energía que revoloteaba sobre nuestras cabezas se transforma al fin en bola de fuego y se activa en todos, de nuevo, el recuerdo. En mi caso, es 9 de septiembre de 1997, estamos viendo a Placebo como teloneros de U2 en el estadio Vicente Calderón y Brian Molko no para de preguntar: «¿Soy chico o soy chica?» Eran otros tiempos, internet apenas empezaba y, ciertamente, había dudas entre la concurrencia que esperaba a Bono y los suyos (yo con la mano derecha escayolada y una bandera de Irlanda pintada con ceras Manley, pero esa es otra historia que la noche se llevó).
Y EL FUTURO YA FUE
No teníamos ni idea aquel día de lo que estaba por venir para ninguno. Nadie preguntó: «¿Dónde estaremos dentro de 30 años?» Nadie se atrevió a tanto. Nadie se atreve a tanto cuando tiene 18. Pero aquí estamos, con 47. Y el futuro ya fue (y, como entonces, no había móviles). Ya nos alcanzó lo que no nos atrevimos a preguntar. Hemos atravesado océanos de tiempo hasta encontrarnos. Y suena, como entonces sonaba, ‘Every you every me’, la primera de un bis que festeja las tres décadas de grandes canciones que congregan aquí a nuestras almas atrapadas, sedientas de vida eterna. Ellas son las que nos trajeron hasta aquí para plantar a nuestros cuerpos abollados delante del espejo del tiempo.
Canciones de fe, devoción e inspiración, por supuesto que sí. Por eso, para celebrar de dónde vienen, le dan caña Placebo al ‘I feel you’ de Depeche Mode en una versión que, a ver, es que no hay otro como Dave Gahan, pero obviamente pone al público en pie. Una dulce obviedad a la que sigue para rematar la intensidad del ‘Running up that hill’ de Kate Bush, empeñada ella en correr colina arriba para hacer un trato con dios. Como si acaso eso fuera posible, pues todos sabemos que el diablo ofrece unas condiciones mucho más suculentas y un Euribor inmejorable. ¿Que qué le pediría yo a Satanás? Pues que prohibiera para siempre los teléfonos móviles en los conciertos, que me proteja de lo que deseo y, por encima de todo, otros 30 putos años más de santos temazos que me sigan engañando. Tampoco pido tanto.

