Biffy Clyro en las Noches del Botánico

El egregio rock alternativo de Biffy Clyro florece en el Botánico como una tormenta sónica de verano

Crónicas

«Anda, mira, si lleva tus rockys rojos«, me dicen al oído. Es verdad, yo tengo unos pantaloncitos así, tan cortitos, que me pongo para estar por casa. Lo que no tengo es la confianza de Simon Neil para salir delante de casi 4.000 personas ataviado tan solo con semejante prenda minúscula. Claro que el escocés sale parapetado detrás de su Fender Stratocaster, lo cual ya de por sí es una defensa importante; sabedor, además, de que el repertorio que va a desgranar esta noche Biffy Clyro en las Noches del Botánico es igualmente garantía de victoria.

Sale confiante, como diría aquel, el a su vez cantante. Y motivos tiene, pues está respaldado por otros cuatro músicos -con Ben Johnston en la batería como el otro único miembro fundador ante la ya conocida baja de James Johnston por problemas de salud mental-, que no tardan ni dos compases de ‘The captain’ en poner las pilas a un personal ya entregado de por sí. Pero es que vaya comienzo épico con ese ritmo machacón y los coros marciales.

‘That golden rule’ y ‘Who’s got a match?’ completan un triunvirato perpetrado con la firme determinación de avasallar sin miramientos a la concurrencia desatando una intensa tormenta sónica de verano. ¿Sabes cuando una canción no sabías que te iba a golpear en el occipital pero te golpea igual? Pues cuando eso pasa es todavía más guay de lo que ya de por sí imaginabas porque ese meneo crea un recuerdo por venir nuevo. Y aquí está: ¡Tachán!

Tormentón de Biffy Clyro en el Botánico

«Hola, Madrid. ¡Felicidades, España!», clama Simon, encantado con la que acaba de liar y jugando la baza futbolera para terminar de empatizar con el gentío (como si eso hiciera falta). De la tormenta a la calma igualmente intensa, pues es este el adjetivo que mejor define ‘Biblical’, una canción que siempre me recuerda a ‘With or without you’ de U2 porque los coros finales son exactamente los mismos. Y en la que aparecen, por cierto, la violinista Ailbhe Catherine y la violista Annemarie McGahon, que conforman una sección de cuerda que acompañará a la banda en multitud de momentos del recital (con momentos más audibles y otros un tanto perdidas en la ruidosa maraña sonora) para aportar bonitas texturas.

Avanza así el tramo más meloso del recital con ‘A little love’, ‘Instant history’ y ‘Goodbye’. El sonido es nítido, pero le falta quizás un puntito más para terminar de reventar -«¡sube la P.A.!», canta un grupo de chavales, pegando saltos- y que, de paso, se callen todos los que no se callan, que son unos cuantos en la pista. ¿A qué demonios viene esta gente, a contarse la vida a gritos? Ciertamente incomprensible. Pero continuemos. De nuevo, del reposo (siempre relativo) al vendaval (siempre figurado), sin perder en ningún momento el nervio (siempre literal), con el cambio drástico que supone (chan! chan! chan! chan!) ‘Living is a problem because everything dies’.

Las fotos son de Vega Halen.

Todo el mundo salta en ‘Bubbles’

Con el regreso de la caña guapa los plastas se callan y el público se deja llevar en saltos, pogos razonables y buen rollo generalizado. ‘Hunting season’ lo pone todo del revés con su excitado galopar, totalmente contrario al reposo melódico de ‘Space’, que tampoco tiene absolutamente nada que ver con la estruendosa orgía que se montan en ‘Cop Syrup’ todos los ya mencionados junto al resto de músicos: Naomi MacLeod (bajo), Mike Vennart (guitarra y coros) y Richard Ingram (teclados). Y más genuina energía rockera con ‘Different people’ y ‘A hunger in your haunt’, antes del medio tiempo tan coreado que es ‘Black Chandelier’ y el remate de puro vigor que es ‘Mountains’.

Tormenta-calma, tormenta-calma, tormenta-calma y así hasta el fin de los tiempos, insistimos, sin perder nunca el nervio. Los bises se abren con Simon solo a la guitarra acústica, consiguiendo un insólito silencio en ‘Machines’. Tras este momento de inédito recogimiento se avecina tormentón en este contraste permanente, se palpa y se siente la excitación en el ambiente, pues aquí llegan los ‘Wolves of winter’ con el personal dejándose llevar hasta cierto punto de enajenación mental mientras florecen los pogos en el Botánico.

Todo el mundo salta con los brazos en alto en ‘Bubbles’ y la velada se cierra con toda le épica desatada y la energía bien alta de ‘Many of horror’. Tormenta-calma, tormenta-calma, tormenta-calma y así hasta el tormentón energético del fin de los tiempos. ¡La que nos ha caído encima, madre mía! Fíjate cómo estamos, totalmente revitalizados.

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