¿Qué pensará Billy Corgan mientras sube por General Ricardos mirando por la ventanilla de la furgo? Esta es una de las preguntas principales de mi vida hoy y siempre. Marqués de Vadillo, Urgel, Oporto y Vistalegre. La ruta de mi vida. Aquí te espero, William Patrick, en Eugenia de Montijo, con lo que demonios sea tu rollito sinfónico. Tú lo debes tener clarísimo, yo, querido mío, no tanto.
Sí sé, obvio, que ‘Mellon Collie and the Infinite Sadness’ es uno de los discos más importantes de los años noventa. Recuerdo todas aquellas tardes escuchando el programa de Paco Pérez Bryan -a la sazón pareja de Luz Casal, todo sea dicho- en Radio 3. De 4 a 3 se llamaba. Estaba el tipo emperrado en que Billy Corgan era el mejor compositor de su tiempo y, directamente por eso, estamos hoy aquí hablando de eso treinta años después.
Entonces, hace treinta años, quedábamos para escuchar programas de radio. Y nos metíamos en la habitación de turno y nos tumbábamos a imaginar cómo sería eso de ser adulto. Tengo un amigo que insistía en hacernos preguntas haciendo el pino, por algún loco motivo invertido. Nos comíamos los morros entre todos. Quedábamos para escuchar programas de radio en los que sabíamos que iba a sonar Smashing Pumpkins y, cuando sonaban, el único sonido que había era el REC del casete porque todos nos callábamos y mirábamos al techo.
Hay ovación para Billy Corgan en Madrid
Atendíamos porque Paco Pérez Bryan nos ponía ‘Porcelyna of the vast oceans’. Una canción de 9 minutos con 21 segundos en la radio. Y la escuchábamos entera y no veáis la de cosas que podían llegar a pasar mientras tanto. Vi parejas empezar y otras acabar dramáticamente en esos putísimos 9 minutos, mientras el jodido Billy Corgan seguía clamando «Porcelynaaa». Esa mierda. Esa mierda pasó y esa mierda nos trajo aquí. Y tonight el tipo gritó «Porcelynaaa», solo que distinto.
Obvio que todos preferimos la contundencia de Smashing Pumpkins, porque hay muy pocas bandas con semejante hostia y semejante catálogo. Pero, obviamente, no era eso lo que esta noche iba a pasar. Es por ello que coincido con la conclusión de que el informe PISA de nuestros niños es una mierda porque sus padres son unos perfectos gilipollas, incapaces de tener un mínimo de comprensión lectora. Es exactamente la misma mierda que con Danny Elfman en el Botánico. Y ya se cansa uno, porque no puede ser que seamos tan huecos.
NO es un concierto de Smashing Pumpkins. NO es un concierto de Billy Corgan tocando canciones de Smashing Pumpkins. Ni si quiera es un puto concierto al uso y bien claro lo pone. Es una noche para celebrar unos de los discos más de puta madre de los noventa, lo cual equivale a decir que de la historia misma de la música. Y esa celebración tiene la manera y las formas que quiere su creador. Igualmente, solo faltaba, sus aristas y sus derrapes.
Puedes leer más
‘A Night of mellon collie and infinite sadness’ featuring Billy Corgan parte de esta base ya de por sí problemática. Porque Billy Corgan es problemático y no os va a poner cuatro arreglos de mierda sobre las canciones que ya os sabéis en plan Metallica. No vale con poner cuatro violines, unos coros y subir el volumen a toda hostia. Eso es propio de Lars Ulrich, no de William Patrick. Es que si hay que explicar esto es mejor que nos quedemos todos en casa o nos tiremos por el barranco como los Lemmings. Por eso, en definitiva, yo opino que es una cuestión de expectativas, por mucho que divaguemos.
Todo eso, a la vez, en todas partes y en todo momento, cuando se apagan las luces y suena, claro, ‘Mellon Collie and the Infinite Sadness’. Es un disco ya de por sí ambicioso y delirante, es decir, sinfónico en la cabeza a su vez demente de Corgan. No sé si os acordáis de cómo eramos en los noventa, pero éramos una panda de hijos de puta viviendo nuestros mejores años con la banda sonora más acojonante que ha tenido jamás el ser humano. Eso pienso mientras suenan ‘Tonight, Tonight’, ‘Jellybelly’, ‘Gallapogos’.
Sale Billy Corgan en ‘Thirty-Three’ y su voz llena todo. Y me pregunto algo: ¿cómo puede ser que Vistalegre suene tan bien con una sinfónica de veinte personas y no con una banda enchufada de cuatro? Debe ser una cuestión de electricidad, igual solo es mirar la potencia contratada. ‘Beaufitul’, ‘Muzzle’, ‘Lily (My one and only)’, ‘Stumbleine’, ‘Thru the Eyes of Ruby’. Sí que me ralla que ‘Zero’ no tenga ni una pizca de mala hostia, pero qué le vamos a hacer. ¿Sabemos lo que es la libertad artística? ¿Sabemos, acaso, qué es el arte?
Fotos de Ricardo Rubio

Sí que nos tenemos que reír porque hace 15 años vimos a Smashing Pumpkins en La Riviera y yo escribí muy enfadado para Rolling Stone que había sido una mierda porque Billy Corgan se fue sin decir nada y solo había tocado su nuevo disco. Joder, eh. La hemeroteca es poco piadosa. Luego resultó que estaba enfermo y tal, bueno, que al cabo de unas pocas semanas volvió a la Sala Arena y decidió tocar solo hits. No voy a arrogarme semejante cosa: no me leyó, o sí, pero da igual porque el segundo nos lo perdimos.
No sé si ha quedado suficientemente claro, pero es que nosotros somos muy de Billy Corgan. Por eso, construyo catedrales de arena que son textos que se caerán mañana, pero esta tarde de domingo me contienen. Y miro el escenario y hay un porrón de gente ahí metida: la orquesta sinfórnica Mad4Strings con 56 músicos, un conjunto vocal integrado por medio centenar de miembros y el director James Lowe. Una cantidad loquísima de peña, para los que hablan de engaño, hermano. No hay mentira cuando hay más de cien personas tocando en vivo.
No encuentro los nombres de todos los sopranos, pero sí tengo esta conversación con mi sobrina Lucía, que es una bestia de la vida y del pop:
Luic: Acabo de encontrarme en el metro a un colega que toca el chelo
Luci: E iba para vista alegre
Luci: QUE TOCA PARA EL BILLY
Luci: es un máquina. Pedro Bonet.
Pues Pedro es una de las personas que ha tocado uno de los discos de mi vida. Ojalá le paguen bien y tal, lo voy a peguntar, porque eso sí me jodería. Un tipo que ha tocado ‘In the arms of sleep’ se lo merece. Y, luego, ‘1979’, una de las pocas coplas que me tienen el corazón raptado (partíooo). De esas hay cada vez menos, porque te vas haciendo un utilitarista imbécil con los años. Pero que el ‘Mellon Collie’ es una obra maestra no lo vamos a descubrir en 2026. Que William Patrick Corgan es un genio chiflado tampoco. Y menos aún que ‘1979’ es un santo temazo en cualquiera de sus formas, una creación tan bella que marea y te hace sentir una pequeña mierda.
Como cuando te plantas ante la Sagrada Familia. Ese tipo de obras de arte que te pisotean el alma. ‘By starlight’, ‘XYU’. La versión de ‘Bullet with butterfly wings’ con sopranos no me gustó nada, esa no, pero esto es algo demasiado personal, es demasiado identitario del joven que me empeño en ser. Y ni lo uno ni lo otro puede ser. ‘To forgive’, por contra, como sé que es ‘Alone’ de Ted Nugent, pues ya me desconcierta del todo. Semejante dislate, que esta noche no se parece nada a nada y así está bien.

Es hermoso, es bello que no se parezca nada a nada de lo que esperamos un sábado en la noche. Una vez me pareció que una era una chica. La de Billy Corgan es una apuesta dura de cojones, que le convierte en el Bob Dylan de toda una nueva generación, solo que en lugar de pasar de la acústica a la eléctrica, ha pasado a la sinfónica. Qué bobada. O no. Yo creo que no. Creo que es serio esto. Porque después de ‘Cupid de Locke’ no sabréis cual viene.
Viene ‘Porcelina of the vast oceans’, que es detener el tiempo en 1996. En aquella fiesta loca de pellas que hicimos y solo sonaba la maqueta de Camela con medio centenar de personas enrollándose por los sofás en horario escolar. Lo que no comprendo, es que nadie llamara a la policía —call the police!— y que hubiera llegado Sting metiendo lengua. No lo sé, mira, no lo sé. Y lo mismo da.
Pero ‘Tonight’ sigue aquí porque es esta puta noche del 12 de septiembre de 2026. Claro que prefiero la original, porque juntos hemos atravesado cientos de cristaleras sin dañarnos. Esta es distinta y así está bien por esta noche. Nadie mete tanta tralla como los Smashing Pumpkins pero: ¿es acaso esto, esta noche, poca cosa? Believe in me. Tonight. TONIIIIIIGHT! Y luego, ya, si eso, la vida eterna forever.

