Crónica del concierto de Eric Clapton en Madrid en mayo de 2026

Clapton is God en Madrid: mitos, leyendas y vinilos voladores

Crónicas

Me gustaría saber qué está pensando ahora mismo el gilipollas que le tiró el vinilo (la funda solo, menos mal que iba sin disco) a Eric Clapton anoche en Madrid. Bueno, qué demonios, me encantaría saber dónde está para pegarle en nombre de todos la colleja que se merece por dejar sin bis a 15.000 personas debido a semejante estúpida ocurrencia. La parte buena, tirando de humor, es que de repente este concierto se ha convertido en un claro ‘yo estuve allí’, y no descartemos que en unos días haya decenas de personas asegurando en los bares que fueron ellas quienes le arrojaron el vinilo volador al mismísimo Dios.

La parte mala, es que un concierto que ya iba a ser corto de por sí, se quedó en apenas 80 minutos. Y eso, con entradas de 51 (gallinero) hasta 187 euros (pista delantera), da para mucho más que una colleja. Una patada voladora, tal vez, sería un castigo más justo. Más aún porque el recital estaba siendo formidable, con un sonido perfecto, un público estupendo que hasta mantuvo silencio reverencial cuando debía, y Eric Clapton de nuevo en Madrid nada menos que 25 años después. Vamos, que si ahora tiene 81, en su anterior visita tenía… (cuento con los dedos)… 56. Guau. Y ahora vamos a recordar esta velada de leyenda por la anécdota, claro que sí, es ley de vida que sea así.

Pero para evitar eso, vamos a dejar por escrito todo lo que antes aconteció, que fue mucho. Ambiente de día grande, un juernes primaveral de manual espatarrado ante miles de nosotros, arremolinados alrededor del monolito de Dalí. Como ya hemos comentado, no todos los días se recibe en la ciudad a un mito viviente. De hecho, la paciente espera ha durado unos 9.000 días (para esta no he contado con los dedos), en realidad pocos porque quien alcanza en vida el estatus de legendario podría perfectamente haber seguido mirándonos con desdén desde su atalaya y haber pasado completamente de bajar al duro asfalto capitalino. Pero, oh God, lo hizo.

Clapton se hace carne en Madrid

Y se hizo a su vez carne sobre el escenario incluso un poquito antes de las 21:00, hora prevista para el advenimiento. Sonora ovación y vamos al lío con ‘Badge’, que es que menudo temón de sus años de Cream. Ya desde el principio está ahí la pureza del sonido, potente y pulcro. No es la guitarra Blackie original (allá por 2004 se subastó con fines benéficos por un millón de dólares), pero convengamos que nadie sobre la faz de la putísima tierra le saca ‘eso’ tan limpio a la Stratocaster como Eric Clapton. ¿Qué tipo de privilegio satánico vivimos pudiendo admirar a este tipo divino? Bueno, qué más da, está pasando y aquí estamos, adquiriendo conciencia de la fortuna de coincidir vivos en el espacio-tiempo.

La banda, de obvia solvencia y eficacia probada, respalda a un líder que sienta cátedra del blues con ‘Key to the highway’ y ‘I’m your Hoochie Coochie man’. Le miro tocar y pienso en hasta qué punto la guitarra es una extremidad más de su cuerpo, pues perfectamente podría estar pensando en la lista de la compra pero no se notaría. Es consustancial a su ser y por eso sigue haciéndolo siendo ya un octogenario. Y canta, oye, que canta. Porque va uno con sus lógicos reparos a ver a gente que oficialmente es anciana, pero luego sale pensando que le da para una gira más como poco. Tiene eso el sortilegio mágico del escenario, donde el tiempo se detiene lo justo, y justo por eso nos agarramos a lo que nos proyecta para sentirnos eternos.

En ‘I shot the sheriff’ hace Clapton un exceso vocal que automáticamente provoca un genuino júbilo generalizado. El gentío cabecea sin muchos aspavientos, pero incesantemente, como la gotita esa que parece que no pero poquito a poco horada. Ya verás mañana sin darnos cuenta las cervicales, pues la media de edad de todos es aquí bastante respetable. Pero, eh, recuerda: juernes. Sigamos pues.

Tramo acústico

Cambiamos al tramo acústico, para el cual un escenario más coqueto en el centro de la pista habría estado fenomenal, pero no tiene pinta de que le vayan a Clapton esas movidas. Vamos, que no. Se crea un ambiente más recogido, en plan el ‘Unplugged’ que le hizo superventas para toda una nueva generación a principios de los noventa, en pleno huracán grunge, y se hace el silencio. ‘Kind hearted woman blues’, ‘Nobody knows when you’re down and out’, ‘Golden ring’.

Comentábamos cerveza en mano antes del concierto Carlos Marcos, Bea Viloria y yo que al final van a tener razón los del bucle infinito de Rock FM, porque la ‘Layla’ eléctrica es un camión sin frenos cuesta abajo, pero joder con la acústica también, menudo clásico. Y luego lo de ‘Tears in heaven’, qué silencio más hermoso para una tragedia de tal calibre. Pienso en los artistas que con razón se quejan de la gente que habla en sus conciertos y concluyo que igual tienen que hacer mejores canciones para que el personal guarde silencio. Porque ahora mismo aquí no habla ni Dios. Bueno, Dios canta, cierra los ojos y a saber qué piensa mientras toca. Pues en su hijo, en qué va a pensar, si lo pensamos todos.

‘Cocaine’

Vuelta al eléctrico desde la conmoción emocional con ‘Holy mother’ y el desparrame instrumental (otro más) de ‘Cross road blues’, tocada a menos revoluciones pero igualmente excelsa. El escenario, por cierto, con lo justo y unas pantallas gigantes en las que aparecen dibujados unos ladrillos en ‘Little queen of spades’ para dar ambiente de local de garito. Llevamos 12 canciones y la 13 es ‘Cocaine’, que es a su vez el momento más álgido, quizás también el más cercano a un concierto de rock al uso: liberador y comunal puño en alto.

Es precisamente en ese ratito de conjura colectiva por el poder del rock, cuando los ánimos están más arriba, cuando la banda se despide sonriente y Eric saluda caminando por el escenario, cuando el tonto del culo decide que es buena idea tirarle su vinilo de mierda. No ya anticlímax, sino directamente irrespetuoso. Un corta rollos de puta madre, vaya. Y no lo digo, lo dice Clapton, que se va con la banda detrás del escenario para el bis pero tiene la decisión ya tomada, así que segundos se largan por la puerta lateral a la vista de todos los que estamos en ese lado. Nos quedamos sin ‘Before you acuse me’, pero ha sido un bolazo muy serio. Quedémonos, pues, con ese recuerdo.

P.D.: La foto que ilustra esta crónica la habréis visto en otros medios y ha sido proporcionada por la promotora y no es de Madrid. Los reporteros gráficos no fueron acreditados para cubrir el concierto, de nuevo, así que todos perdemos periodísticamente y en nuestra memoria colectiva al no tener imágenes profesionales con las que recordar aquella mítica y legendaria visita de Clapton a Madrid en mayo de 2026.

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