España no se cansa de los escoceses Belle and Sebastian: Barcelona, Valencia y Murcia los esperan este fin de semana (en la última ciudad coincidirán con la Final del Mundial de Fútbol, como señaló con sorna el cantante Stuart Murdoch), y el de anoche fue su tercer concierto post-pandémico en Madrid, el segundo en Noches del Botánico después del de 2022.
No hay renovación generacional entre el público de Belle and Sebastian, uno al que ya no le son ajenos vocablos como “presbicia” o “perimenopausia”. Tampoco hace falta: los fans que ya tienen, aquellos a los que tocaron la patata a finales de los 90 con su delicado pop indie, siguen ahí con ellos. Alguno presumió ayer, incluso, de haber estado en su primer concierto en Madrid hace 22 años -lo que no sabemos si será un grato recuerdo dado que coincidió con los atentados yihadistas del 11 de marzo de 2004-.
En los minutos previos a la subida de la banda al escenario, la pantalla ubicada al fondo de este proyectó un insólito making of del primer disco de Belle & Sebastian, Tigermilk. El vídeo estaba narrado por el cofundador del grupo (que abandonaría en el cambio de siglo) Stuart David, y suponemos que explicaba las circunstancias que condujeron a la grabación del segundo elepé, If you’re feeling sinister, que Belle & Sebastian están interpretando íntegro de principio a fin en esta gira, por su trigésimo aniversario. Digo que suponemos porque la voz de David en el vídeo, más que declamar, musitaba, y el público aún estaba comprando bebida y buscando su sitio, así que nadie prestó atención a la grabación.

Los nueve músicos que tocan en Belle & Sebastian en 2026, muchos de los cuales llevan en la banda desde el fundacional 1996, salieron con puntualidad escocesa a las nueve y cuarto. Sabemos que anochece un poco más tarde que a principios de junio, pero sigue sin estar clara la ganancia de que los conciertos en Noches del Botánico adelanten su hora de inicio, pues dejan menos tiempo a los asistentes para disfrutar del entorno (y resulta menos rentable a los hosteleros). Sea como sea, los primeros 45 minutos del concierto de Belle & Sebastian transcurrieron a la luz del día.
Y esa primera mitad del recital consistió en la interpretación de los diez temas que componen If you´re feeling sinister. No se imbuyeron de importancia por la efeméride y Murdoch estuvo cercano y charlatán desde el primer momento. Detrás de ellos, se proyectaban elegantes animaciones de aspecto retro con cierta relación con la canción interpretada.

El animoso tercer tema, “Me and the Major», puso a bailar a la pista al son de la vibrante armónica del guitarrista Stevie Jackson, el más elegante de todos -en una banda sin dresscode definido- con su camisa blanca y su corbata fina, seguramente ignorante de su gran parecido con nuestro Feijóo. Su pertenencia a Belle & Sebastian explicaría por qué Alberto apenas tiene tiempo para dejarse ver en el Congreso salvo para llegar a tiempo de votar leyes que castiguen el absentismo laboral de otros.
Explicó Stuart Murdoch, al presentar “The fox in the snow”, que el disco fue compuesto entre febrero y marzo de 1996, cuando nevaba y hacía frío, por lo que resultaba raro interpretar esos temas en plena canícula. Murdoch se sentó al piano y cantó con suavidad mientras copos de nieve dibujados caían detrás suyo. Las chicharras del Jardín Botánico hacían coros a lo lejos.
En la pantalla, un disco de vinilo dio la vuelta en su tocadiscos y Murdoch verbalizó lo obvio: “Cara B”. La segunda mitad puso contenta a la banda y al público (Murdoch nos aseguró que no había visto a ningún otro público bailando igual en “Mayfly”), desmontando las palabras de Jack Black en “Alta fidelidad” cuando afirmaba que la de Belle and Sebastian era “música para pollaviejas tristes” (mi traducción libre de “old sad bastard music”).
De hecho, Stuart Murdoch, líder y portavoz del combo, es de todo menos triste. Nos confesó que no había hecho nada en todo su día en Madrid (Jackson dijo que había visto un delirante biopic de Mötley Crüe), bebió un trago de “aceite español” directamente de la botella para lubricar sus cuerdas vocales, se arrancó con una versión a capela de “Venus” de Shocking Blue (“deberíamos grabarla, nadie la ha versionado antes”, dijo, haciendo un guiño a Bananarama) y hasta se calzó una máscara de cabeza de caballo y bailó con ella puesta en el clímax de “Judy and the dream of horses”, el último corte de If you’re feeling sinister. No parece Murdoch alguien a quien le disguste su trabajo.

Todos los músicos salieron del escenario cuando no había transcurrido ni una hora de concierto para marcar la diferencia entre la primera y la segunda mitad del espectáculo. A los tres minutos estaban de vuelta para ofrecer tres cuartos de horas más de música; en el primer tema, “Electronic renaissance”, Murdoch se desprendió de su guitarra y de su sombrero (recuperaría ambos en breve) y bailó con alegría al pie del escenario. Stevie Jackson cogería la voz cantante en “Seymour Stein”, como en el disco en que se grabó, The boy with the arab strap; y todo sea dicho, desafinó un poco.
Quizá para no dejar mal a su compañero, Murdoch también falló algunas notas en el siguiente tema, Lord Anthony, pero tenía el truco perfecto para que a nadie le importara: darse un paseo por la pista. A la vuelta, diría: “Qué bien oléis todos. Yo no tanto. No importa, no tenemos que oler bien, no somos estrellas del pop”. Hombre, rockeros tampoco sois, Stuart.
“Another sunny day” fue la más grabada por los espectadores, una treintena de los cuales subió al escenario a bailar durante “The boy with the arab strap”. Sobre las tablas era todo alegría; al pie del escenario, algunas mujeres no aceptaban de buen grado que los de seguridad dijeran “basta” a la invasión del público, llegando incluso al forcejeo. También le digo, señora mía, si está usted leyendo estas líneas, que si le va la vida en subir a hacer el gamba en un concierto de Belle and Sebastian, esté un poco más atenta la próxima vez. Y sobre todo, no trate de abrirse camino a empujones entre encargados de seguridad que duplican su peso y su altura.
La interpretación de la canción quedó un poco desinflada por la presentación de los músicos durante la misma, con los espectadores estorbando al líder mientras deambulaba por el escenario. No ayudó el gusto de Murdoch por musitar sus parlamentos y que la potencia de sonido fuera algo menor que en otros conciertos recientes en Noches del Botánico. Pese a todo, el concierto ya estaba ganado y se remató con gusto con “I didn’t see it coming”, poniendo fin a 105 minutos de música ronroneadora, que quizá no llegue nunca a entusiasmar, pero desde luego no molesta jamás. Casi podemos garantizar otro lleno de Belle and Sebastian en su concierto en Noches del Botánico en… ¿2028, 2030? Y sin nada que objetar al respecto.

