No pasé yo más miedo de chaval que cuando Bono parecía que se iba a quedar sin voz en Popmart. Que, de nuevo, insisto, es Mercadeo Pop en irlandés de Carabanchel. En 1997 tenía yo 19 años para 20 y no me importaba absolutamente nada más en la vida que U2 y, bueno, los findes supongo que un poco, Sonsoles. No es verdad esto último, lo han dicho mis dedos, no yo. Me importaba casi tanto ella como él, si bien no necesariamente 24/7 todo a la vez en todas partes.
La cosa es que mi obsesión en 2026 es ver vídeos de Axl Rose y Jon Bon Jovi destrozándose. De eso que le das al Play y apartas la mirada porque deseas que sea una toma buena pero sabes que no es. Sí creo que Jon ha recuperado registro desde sus operaciones y que alcanza notas más altas, pero al mismo tiempo sigue dando dolor verle intentarlo. Axl se rompió la voz con AC/DC, como haríamos todos, en acto de servicio, y ya no le queda más que un falsete de viejuno. Somos una generación de ídolos rotos.
Bono recuperó la voz después de alguna cirugía, luego un corazón abierto que nos contó en la última gira y palante. Bono volvió y está cantando como un niño irlandés que tira ladrillos contra la policía de la reina de Inglaterra. Eso, en mi cabeza, pues ya sé que se dedica a otras cosas más despreciables como mover millones de euros para hacerse todavía más rico. Qué le vamos a hacer. Al mismo tiempo, Axl Rose siempre tuvo las respuestas a preguntas que nadie le hizo: «Nobody knows I’m a lesbian» y «Kill your idols». Por él, yo me considero una lesbiana asesina.
Me vuelve loco. Ab-so-lu-ta-men-te-lo-co que esta peña esté llenando estadios cantando una mierda. Porque cantan una mierda. Ahí nos podemos sentar a debatir sobre octavas, afinaciones, entonaciones. Pero llega Palo a la cocina y dice «es que Jon canta como un sordo de 103 años que está aprendiendo a hablar». Y es esta afirmación tan despreciable llena de cariño en verdad, la que me ha incitado a escribir esto que no pretende llegar a ningún lugar en particular. Solo que nos preguntemos hasta donde vamos a llegar nosotros como sociedad de progreso que paga entradas por conciertos.
Nos venden entradas para solo escuchar los conciertos (algo que en el Vicente Calderón se ha hecho desde siempre en la pradera de San Isidro, como otros tantos tejemanejes lúbricos). Nos separan en zonas como los rebaños que somos previo pago de cientos de euros. Y luego sale el cantante que no canta y te comes un concierto en el que solo escuchas a la gente alrededor y a los coristas que más o menos encubiertos tapan las carencias evidentes.
Estamos hablando de casi 200 pavos la última vez de Guns n’ Roses y Bon Jovi. Estamos hablando de los casi 200 pavos que estoy dispuesto a pagar por Guns n’ Roses y Bon Jovi la próxima vez (con el asco que me da John Shanks). ¿De qué maldita manera colonizaron mi cabeza? ¿Por qué seguimos pasando por taquilla para esto? Y que salimos felices. O no tenemos solución o quizás nos lo ahorramos en psiquiatras de los cojones porque, bueno, siempre nos salvan las canciones.
Porque, ¿qué hacemos cuando Axl Rose y Jon Bon Jovi dejan de cantar? Pues pagar un mini de cerveza de 14 pavos, levantar el puñito y jurar que siempre seremos libres en una canción aunque sepamos que es mentira. Pero como el mundo esté lleno de mentiras, creemos en aquel viejo rocanrol que éramos tú y yo y que nunca iba a cesar. Cadera aquí, cadera allá. Nunca, como el mar, iba a cesar. Y no cesa, aunque, si acaso, vendrá un metatsunami en Torrevieja, Paradise city, y nos joda en mil.
¿Y qué hacemos? Nos suicidamos, vale. Porque todo esto solo significa una cosa. Única y exclusivamente: vamos directos al precipicio, que luego será un hoyo y luego donde acabemos. Ay, tú. Pero que Jon intente antes cantar ‘Lay your hands on me’. Con eso vale. Lo que tiene Richie Sambora dentro no es ni medio normal, es el jefe, es un pequeño gran Bruce. Y, a su bola, Bono seguirá cantando de puta madre en la gira de U2 en 2027.
*La foto es de Miguel Rivera, de Rock Total.

