Caminaba yo la otra mañana bajo la lluvia esta que viene y va y luego jarrea pensando que, quizás, si hubiera una canción, no me importaría mojarme. Me daría absolutamente igual si acaso ese paraguas existiera. Como detesto caminar con el móvil en la mano, que es la más común estupidez de hoy en día, me detuve un instante en un soportal. Porque no pasa nada por detenerse y no caminar chocándote con la peña. Es deseable, más que nada porque un día al azar la vamos a tener.
El caso es que me dije ‘yo creo que esta’. Y ‘esta’ es la que nos trae hasta aquí en este preciso momento del espacio tiempo. ‘Esta’ es una canción muy en particular que se titula ‘Especie en extinción‘ y forma parte del estupendo nuevo disco de Nat Simons, que tiene el nada inocente nombre de ‘Pregúntale a Sarah Connor‘. Un álbum de rock orgánico, hecho por seres humanos y que, de alguna manera nada oculta, nos está advirtiendo de que Skynet no era una puta broma.
Nat Simons contra Sarah Connor
Y que la maldita inteligencia artificial se puede cargar la vida humana entera pero, vamos a ver, no me jodas, el rock no. Alguien tendrá que guardar el santo grial, el núcleo de lo único que nos importa. Pues de eso va para mí ‘Especie en extinción’, cuarto corte de ‘Pregúntale a Sarah Connor’. Un tema que tiene ese algo que para mí, cual perrete de Pavlov: la guitarra en plan The Edge con el delay. Ay, madre mía, ese puntito U2 que hace que se me derritan las cosas que intento agarrar entre las manos. La vida misma, vaya.
El rock es una especie en extinción, anyway. Y el ser humano también, así que. Así que, nada, que está hilado perfecto regresar al futuro en el ‘Delorean’ que abre el álbum, un rock guitarrero que te lleva a los ochenta, a los setenta, a los noventa, no sé, tú sabrás, en realidad. La distancia que alcance tu regresión depende de lo que ponga tu carnet de identidad, pero la sensación es la misma. Un mundo que ya no existe y que te dejó tirado a la intemperie.
A mí, lo que me gusta de este disco es que suena a aquella cinta de casete que sonaba y seguirá sonando cuando quien se la grabó a su amor fugaz ya no esté —ni la cinta, ni el amor, ni su puta madre, seguramente ni el mismísimo perpetrador—. «Jugando a tinieblas en la oscuridad, buscando algún tesoro como Indiana Jones», nos apela Nat. «Pero esa canción, que duele de corazón, me hizo volver», nos remata, si acaso hiciera falta. De eso va este disco.
Alain Delon contra Mick Jagger
Ay, pero a mí la que me gusta es la segunda. Ese riff que como os escuche Keith Richards ya veremos si os demanda u os besa en la frente (me inclino por lo segundo). ‘Alain Delon’ se llama y es un estupendo rocanrol stoniano que dice «nunca he soportado a tipos como tú, qué pereza, vaya tostón y te crees Alain Delon». Que no será la cima de la literatura contemporánea, pero me parece una rima divertida porque, recordemos, el actor francés espantó al mismísimo fucker Mick Jagger (la foto esa que hay por ahí, la buscas, lo cual tiene su guasa).
Me gusta lo que me transmite este disco de rock, que llega después de la época ‘Felinas‘ de Nat Simons recuperando referentes del rock que igual se nos pasaron por alto por no ir como estúpidos mandriles con la polla fuera todo el rato. Rockeras, vaya. Creo que ese mirar atrás y ese compartir con otras le ha dado una inspiración que no esperaba a a Nat. O, bueno, quizás justo eso buscaba, es de ley que así fuera. Pero este disco, en definitiva, me parece notablemente inspirado.
Hay otras cancones varias, pero me gusta especialmente otra: ‘Haces que mi mundo sea mejor’. Con ese golpetazo (lo que los guiris y nuestros absurdos influencers dirían ‘beat’) de batería que te anuncia que se viene algo guapo. Después de semejante mamporreo siempre llega algo guapo, hummm. Es un poco como ‘Los ojos del peligro’, con esa guitarra en quintas cerradas entre el punk y el metal, perfectamente acotadas y distorsionadas. Hummm. Es solo rocanrol, pero no nos gusta lo suficiente.
Hay algo que sabe Nat Simons que no sabemos los demás. Seguro que se lo ha dicho Aurora Beltrán. Bueno, o Sarah Connor. En esta casa, que es de ley, hay una norma no escrita según la cual siempre que se nos cruza ‘Terminator 2’ se queda puesta por decreto. Porque Sarah Connor, para nosotros, es la mayor estrella del rock jamás inventada, mucho más que Axl Rose.
Extiendo ese decreto que yo mismo impuse (obvio) a cada vez que se nos cruce una canción de Nat Simons, de la misma manera que desde hace treinta años largos nos pasa con Guns n’ Roses. El Delorean de las pelotas, eh, nos pone a salvo todo el rato, cada vez más lejos del puerto.

