Mientras 55.000 personas acompañaban a Shakira en el cierre de su residencia europea en Macondo Park, en pleno centro de Madrid, ataviados de riguroso negro y con camisetas de la banda, nos dirigíamos a la mítica Moby Dick a descubrir quiénes eran IST IST.
Teniendo en cuenta que hacía una tarde de pleno verano en Madrid y en día festivo con las terrazas abarrotadas, me llamó la atención que a las 20:00 h, cuando abrían las puertas de la sala, ya hubiera gente esperando impaciente por entrar. A las 20:15 h, la sala ya superaba holgadamente la mitad de su aforo.
¿Quiénes son estos IST IST que están en la Moby Dick de Madrid?
Pero… ¿quiénes son IST IST? Los mancunianos Adam Houghton (voz principal y guitarra), Andy Keating (bajo), Joel Kay (batería) y Mat Peters (guitarra y sintetizadores) conforman esta banda de post-punk británico contemporáneo. Desde 2014 han consolidado su sonido en el entorno underground operando bajo su propio sello, Kind Violence Records.
Cuentan con cuatro álbumes de estudio en el mercado: ‘Architecture’ (2020), ‘The Art of Lying’ (2021), ‘Light a Bigger Fire’ (2024) y el reciente ‘Dagger’ (2026). Además, tienen una reputación sólida fraguada a base de abarrotar salas emblemáticas en su Manchester natal como el Albert Hall, el O2 Ritz o el Ruby Lounge, además de colgar el cartel de sold out en templos europeos como la sala Paradiso de Ámsterdam. Sin embargo, anoche en Madrid vivían su debut absoluto en España.
Lejos de fórmulas comerciales, su propuesta se alimenta de una base firme con líneas de bajo punzantes y densas, una imponente voz de barítono y una tensión oscura heredada de Joy Division o The Chameleons. A menudo se les emparenta con Interpol por la sobriedad estética y la gravedad de sus composiciones, pero sobre las tablas distan mucho del perfil quirúrgico y frío de los neoyorquinos: lo de IST IST en vivo es una apisonadora de energía desbordante y física que te atrapa desde el primer segundo.
EL FILO BIEN AFILADO
A poco más de las 21:00 h, el cuarteto apareció en escena, abriendo la noche con temas de su trabajo más reciente, ‘Dagger’, como son ‘Fear’ y ‘The Echo’; dejando claro que sus nuevas composiciones vienen con el filo bien afilado.
Con ‘Shadow’, de ‘Light a Bigger Fire’, nos pusieron a todos a bailar: aquí la voz de Adam suena por momentos menos grave y aplastante, girando hacia registros más melódicos que nos podrían recordar inevitablemente a Bernard Sumner en New Order.
Sin embargo, el verdadero puñetazo de la primera mitad del concierto llegó con ‘Silence’, un auténtico trallazo que en directo multiplicó todo su potencial. Con un bajo atronador y guitarras incisivas, hizo retumbar las paredes de Moby Dick.
En el ecuador de la noche, Andy nos contó que tocarían una de sus canciones más antiguas, «Preacher’s Warning», publicada originalmente en su EP de 2018. Considerada uno de los cimientos sobre los que construyeron su sonido, nos devolvió al post-punk en estado puro, con la voz de Adam casi recitada, acumulando una presión magnética.
ESPÍRITU NEW ORDER
Aligeraron el ambiente con «Makes No Difference»: ese pulso rítmico y bailable que evoca de inmediato el espíritu de True Faith de New Order, sacando a relucir su faceta más luminosa y sirviendo de pasarela perfecta para lo que estaba por venir.
Porque tras ese breve paréntesis bailable, la banda volvió a apretar las tuercas con «No Mercy» para adentrarse de nuevo en un terreno de espesa claustrofobia. Tras rescatar «Night’s Arm», se abrieron paso zarpazos rotundos como «Fat Cats» (Fat Cats Drown in Milk), con un entregado Adam zarandeando la guitarra con rabia mientras la base instrumental devoraba la sala; y la pulsión sintética de «Repercussions», desembocando en la crudeza plomiza de «Remember».
Entre esa envolvente atmósfera donde abundan la vulnerabilidad, la desconexión urbana y la búsqueda de redención, llegó uno de los momentos más liberadores de la noche con «Hope 2 Love»: Adam dejó la guitarra a un lado para bailar y saltar. Aunque el reducido tamaño del escenario apenas le daba margen para desplegar su energía, animó al público, rompió la distancia física y bajó del escenario para cantar cara a cara con un fan que llevaba coreando cada verso durante todo el concierto.
FANS INDISCUTIBLES
Con la sala metida en el bolsillo, Andy volvió a coger el micrófono para recordar que era su primera vez en nuestro país y que la velada llegaba a su fin. Llegados a ese punto, reservaron para su penúltimo cartucho «You’re Mine», la canción más importante de su discografía y el auténtico tótem sobre el que se sustenta su sonido. En directo, con esa línea de bajo profunda y la solemne voz de Adam devorando la sala, el corte retumbó con la fuerza de un himno atemporal.
Y para rematar la faena sin dejar títere con cabeza, cerraron la noche por todo lo alto con la electricidad desatada de «Stamp», poniendo a saltar a una Moby Dick totalmente entregada. Los que fuimos a descubrirlos nos habíamos hecho fans indiscutibles, y los que ya lo eran salieron reconfirmando que el pulso del mejor post-punk británico sigue latiendo con una fuerza inagotable.

