Brandon Flowers lanza 'Thrasher', su primer disco en solitario al margen de The Killers en más de una década, grabado en Nashville

Escucha el disco country de Brandon Flowers: ‘Thrasher’

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Brandon Flowers lanza ‘Thrasher‘, su primer disco en solitario al margen de The Killers en más de una década. Grabado en Nashville, en el histórico Estudio A en RCA, junto a sus productores de toda la vida, Shawn Everett y Jonathan Rado.

El álbum cuenta con la participación de muchos de los músicos más reconocidos de la ‘Ciudad de la Música’. Entre ellos, David Rawlings —colaborador habitual de Gillian Welch— a la guitarra y el prolífico e influyente intérprete de pedal steel Bruce Bouton. También Charlie McCoy, de 85 años, el legendario armonicista cuyo característico estilo adorna los cuatro icónicos discos de Bob Dylan grabados en Nashville.

‘Thrasher’, de Brandon Flowers

Arraigado en sus años de infancia en la pequeña localidad de Nephi (Utah), este enfoque sonoro atemporal resulta ser un marco ideal para las composiciones más personales y vulnerables de Flowers hasta la fecha.

Porque, efectivamente, Flowers fue adolescente en un pueblecito de Utah, cautivado por la new wave, el post-punk y el britpop que su hermano le había descubierto. Sin embargo, dedicaba el mismo tiempo a recorrer el campo en coche con su padre y a escuchar canciones de Johnny Cash y Waylon Jennings que le devolvían el reflejo de su entorno.

Esas influencias aparentemente dispares han convergido en la música de Flowers durante veinte años, pero rara vez ha compuesto sobre ese capítulo vital. Al entrar en la cuarentena, empezó a reflexionar no solo sobre el torbellino de su vida adulta como estrella del rock, sino también sobre sus años de formación en Utah. Las ideas se arremolinaban, materializándose con la factura de la música que le enseñó a narrar. Todo ello culminó en ‘Thrasher’.

Brandon Flowers: ‘Plans’

Solo una forma tan peculiar y eternamente norteamericana permitió a Flowers encontrar la esencia y la profundidad que necesitaba. Compuso temas honky-tonk trepidantes, canciones de carretera y baladas cautivadoras, todas ellas auténticas y naturales. Gran parte de este LP incluye canciones escritas en primera persona que apenas ocultan historias sobre los amigos y la familia de Flowers, desde su adolescencia hasta la actualidad, todas ellas interpretadas con ese equilibrio entre tristeza y humor inherente a la música country.

‘Thrasher’ lo mezcla todo en el fantasmagórico corte final, ‘An American Dream’. En él, Flowers recuerda a su madre mientras observa a su padre en los últimos momentos de su vida, pasando junto a vallas publicitarias que hablan de la eternidad, se encuentra con Elvis en un Tesla y le pregunta si ha merecido la pena después de todo.

Por eso, este disco es un aventurero y sincero documento de todas las personas que Flowers ha conocido, amado y temido. Al mismo tiempo, también el retrato de un hombre que hace las paces consigo mismo y con los lugares, las imágenes y los sonidos que le han forjado.

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