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Airbags estallando a toda hostia: ¿es tu frenazo en vano?

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De la misma manera que uno se despierta por la mañana sin saber que ese va a ser el día de su muerte, también hay otras ocasiones, no muchas pero tampoco pocas, en las que te revienta un airbag en el pecho. Ya lo cantaban los Crash Test Dummies: «Mmmmm Mmmmm Mmmmm». Solo que cuando eso ocurre, en realidad, lejos de ser un murmullo dudoso de labios apretados, es la certeza de los gritos con los cañonazos de AC/DC; «For those about to crash. We salute you. Fireeee!!» Y los niños lloran en la parte de atrás.

Es tan salvaje como parece. Son momentos antagónicos en las causas y las consecuencias, pero exactos en la adrenalina, la dopamina, la cocaína, la heroína o como demoniose se llame ahora ese instante del mundo petar a toda hostia bajo tus pies y sobre ruedas intentando frenar en vano. «¿Es tu frenazo en vano?», cantaba Bob Dylan, La canción perfecta para el hostiazo que supone siempre el fin del verano. Y los niños lloran y patalean en la parte de atrás.

Siempre he disfrutado de pegar las orejas al ampli de turno. Sentir los decibelios en el tuétano. No seas parguela. Toda esa mierda. Siento defraudar, no obstante, y desvelar que cuando conduzco escucho Radio 5. Todo noticias. Uno pensaría que el coche de Mercadeo Pop es un delirio udosiano 24/7, pero lo cierto es que soy un conductor informado y aburrido, Y los niños lloran, patalean, se desconciertan en la parte de atrás.

Obviamente, di 0,0%. Pero la hostia nos la llevamos igual. Puede que sí sonara U2, aunque no lo recuerdo. Se crea un vacío ahí en el que hay tanto ruido que no se oye nada hasta que suenan a lo lejos los cantos de sirenas cada vez más cerca. Es milagroso ese momento en el que sientes el abrazo del estado social del bienestar mientras evalúas a ojo los daños. Y los niños ya lloran menos porque se suben al camión de bomberos a poner temazos.

No vamos a descubrir que nos rodean hijos de puta, pero alguno nos grita «la que habéis liado» mientras estamos los cinco como perfectos imbéciles en pie en el carril derecho del pk 13,9 de la A6. Escribo esto para no sentirme derrotado, porqiue aunque el Megancito se haya ido a la mierda y tenga los dedos entablillados, puedo escribir sin borrar demasiadas faltas de ortografía (no muchas, pero tampoco pocas, de nuevo, ya que venimos de Galicia).

«Tengan cuidado ahí fuera», decía el de ‘Canción triste de Hill Street’ de cuando yo zagal. También me gustaba mucho ‘Brigada central’. Nos gusta mucho a todos en casa Quique González, que nos hace el favor de traducirnos a Bob: «Ahora vas tan rápido que no lo puedes ver y te tienen que parar». Qué putada, la luna de cristal echa añicos mientras nos alumbra la otra em lo alto. Cuanto dolor de cervicales los cinco, La cara del tipo del taller flipando con la hostia tocándose la coronilla como en las pelis.

En un mundo romántico, en el que habito con Bruce, tendría que haber empezado a sonar en ese preciso momento el piano y la armónica de ‘Thunder road’. Entonces hubiera sabido que todo estaba bien: «The screen door slams, Mary’s dress sways. Like a vision she dances across the porch as the radio plays Roy Orbison’s singing for the lonely. Hey, that’s me and I want you only. Don’t turn me home again. I just can’t face myself alone again».

Thunder Road. Qué miedo.

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